Anselmo Paulino Roncones disfrutaba junto a Claudia Pedralles, su fiel asistente y mejor amante, de un auto exilio en Montecristi. Su vieja tierra natal poseía poderes de espacio vital en los propósitos de crecimiento espiritual, ante la nueva hermosa posibilidad de la cuaresma. Pero, la capacidad de asombro persistía. Aún la enorme experiencia de vida. A pesar de la supuesta ilusión de la fuga geográfica, como antídoto para el acontecer. La estupidez humana se reciclaba y le enrostraba su poder. Mutaba hacia novedosos escenarios de los tiempos. A pesar del poder continental de las brisas del Atlántico, a distancia del Caribe, Anselmo no era ajeno al acontecer mundial. Días atrás la noticia en el Clarín de la chica Therians (personas que se identifican, en un plano psicológico o espiritual, con una animal no humano.) aún le producía escalofríos. Ojo mágico, que pensaba lo había visto todo, sentía tristeza de este súper-hombre nietzschesiano en estos tiempos del interregno entre dos mundos. El reportaje del Clarín reseñaba una chica que se creía perro, le fue devorado uno de sus brazos por un can verdadero, en plena faena surrealista de un parque bonaerense. Con un sentimiento agridulce, Anselmo Paulino Roncones sonreía a batientes imaginando aquella mordida de ubicatex. El perro asqueado de tanta estupidez y vacío existencial, devorando la mano como Saturno a sus hijos. Que la sensatez estuviese en el reino animal era una nada con poder gris súbita, en este interregno universal gramsciano.
Enamorados con un fuerte frenesí de besos y abrazos, Anselmo Paulino Roncones desayunaba junto a Claudia Pedralles. Un agradable café Monte Real achocolatado, junto a unas tostadas integrales preñadas de mantequilla de almendras y, una dupla de mermeladas de naranjas amargas sevillanas y frutos del bosque de la campiña francesa era un éxtasis. Un gozo gastronómico, junto a la cálida brisa del océano Atlántico. Conversaban y reían previo a continuar con el dictado de sus memorias. La capacidad de asombro se renovaba aquí en el trópico también mi querida Claudia. Las recientes revelaciones del nuevo Senasa 2.0 producía vértigo y terror. 13,000 millones carajo, son insaciables susurraba Anselmo parafraseando al Dr. Balaguer. En un país de 10 millones de habitantes, 13,000 melones en nutrición y supuestas diálisis a domicilio producía hasta risas. Cuanta creatividad criolla para chupar la teta nacional mascullaba Anselmo Paulino Roncones. Tigueres binbines de la Montonera que antes del 96 no conocían ni el Vizcaya. Sospechosos habituales reciclados mi querida Claudia Pedralles. Son una maldita especie como un cáncer, que para mayor desgracia admirada y deseosos muchos de estar allí.
Hastiados. Anselmo Paulino Roncones y Claudia Pedralles buscaban bocanadas de aire con la vista al horizonte. Las palabras de Rafael Acevedo en el Hoy de hoy les producían alivio. Su "Aunque no sé quién eres, ni qué te duele" a la memoria de Enmanuel Castillo director de la Información recientemente fallecido, era un bálsamo. Párrafos de lucidez meridiana para el propósito espiritual del religare, en tiempos de cuaresma:
"Antiguamente, los sabios decían: Solo sé que nada sé; lo que vemos no es lo real; nada es, todo deviene; el que habla no sabe, el que sabe no habla.
Posteriormente, afirmaron haber llegado al saber; intentaron anular las raíces del común entendimiento, nuestras creencias tradicionales, culturales, con las que habíamos convivido y sobrevivido.
Vinieron luego quienes radicalmente negaron las verdades que creíamos inconmovibles; el humano que se había formado durante milenios fue declarado débil mental, alfeñique intelectual, y que era preciso crear un hombre y una humanidad nuevos.
La pelea entre el ser y el no ser, entre el ser y la nada, y los absurdos de una realidad nauseabunda hicieron más cruda y amarga la vida de un hombre que aún no ha aprendido siquiera a amarse a sí mismo; aunque sí cómo darse gusto y auto complacerse.
A ese personaje, que soy yo mismo, que eres tú y son otros de quienes no tenemos idea de quiénes ni cómo son, son, precisamente, esos para quienes estas líneas supuestamente escribo. Todos, ustedes y quien escribe, siendo víctimas de este absurdo que consumimos y que se nos ha forzado a consumir.
Todos, probablemente frente a asuntos y problemas similares, estamos absortos, pero finalmente conscientes de la estúpida realidad que nos está tocando vivir. Contemplando el destrozo de reglas que a pesar de ser violadas y dudadas eran muy útiles a las mayorías, especialmente a los más ingenuos e inocentes e iletrados del conglomerado.
Hoy nos llueven analfabetos opinando con toda autoridad, beligerancia y prepotencia; como solo su atrevida ignorancia es capaz. Y a menudo nos aplastan con sus opiniones cargadas de prejuicios e insensatez, aunque enarbolan el mejor sentido común y la más inmaculada justicia.
Esa tenemos. ¡Cojan ahí!, eso es lo que fabricamos, es nuestro producto social y cultural.
Somos apenas actores insignificantes de “paisillos menores”, que nada cuentan en las decisiones de las sociedades mundiales, a los que los poderosos nos cuidan acaso tan solo porque somos aún lugares de descanso y diversión u otras insignificancias de moda.
Pero nosotros, contra toda expectativa razonable, también queremos opinar. Porque, aunque nadie por allá lo crea, los de aquí somos de los que llegaron a creer que tienen derecho a opinar. Y en ese sentido, los que nos conocen se han percatado que estos “meso isleños” tenemos una marcada tendencia a opinar hasta de lo que no sabemos, es decir, como tontos con iniciativa.
Afortunadamente, creo poder asegurarles a todos que: “Si hablásemos lenguas humanas y espirituales, y no tenemos amor, somos como metal mohoso, o címbalo roto. Y si tuviésemos profecías, y entendiésemos todos los misterios y toda ciencia, y aun tuviésemos tanta fe que moviésemos montañas, y no tenemos amor, nada somos.
El amor es sufrido y benigno, no busca lo suyo, no se irrita, ni guarda rencor.
Las profecías se acabarán. Cesarán las lenguas; cesarán las ciencias. Pero el amor nunca dejará de ser”. (Pablo de Tarso).