La Batalla del 19 de Marzo del 1844 es un referente. Brota como letras doradas en la memoria histórica nacional. No existía un descenso por la carretera Sánchez, justo al llegar al fuerte Resolí escenario clave durante la Batalla del 19 de Marzo, que Jacques le Bon no recordará la lapidaria frase "Machete Carajo". Con fascinación nacional Jacques le Bon siempre divisaba al pasar el monumento a la batalla en la cúspide del cerro, para luego volcar la mirada a la impresionante vista de la Bahía de Ocoa al descender. La belleza natural competía con sus recuerdos imaginados. El rechinar de los sables, el golpe furioso de los cascos de los caballos al caer en complicidad con el horizonte. Junto al recuerdo de los furibundos ecos de la voz de mando del General Santana, humedecidos con el poderoso aroma del salitre mágico de las espumas de playa Caracoles.
Paradigma de guerra de guerrillas. Un ejército de 2,500 hombres contra 10,000. Táctica con deseo imperioso de no retornar a aquella abominable dominación de 22 años. Era una invasión imperial que buscaba concluir la obra de Boyer. Fusión total para desterrar nuestra cultura y aún frágil identidad nacional. Hérard con sus 30,000 hombres y sus tres oscuros ejércitos. Buscaba concretizar su eterno ideal de única e indivisible. El espíritu de lo Dominicano florecía en el fragor de la mañana. Dispuestos y aguerridos los hombres aguardaban con un plan y estrategias al invasor. El General Pedro Santana con sus 600 hombres que llevó desde El Seybo, comandó el Ejercito Nacional. Antonio Duvergé en la defensa, Francisco Soñé como artillero y organizador de las fuerzas y Vicente Noble en la comandancia de la batalla. La decapitación del capitán haitiano Vincent Jean por parte de Matías de Vargas fue un duro golpe para los invasores desde temprano. José Leger, Lucas Díaz, Feliciano Martínez y tantos en su mayorías banilejos. Pelearon con gallardía y arrojo dando el todo, al son de disparos y el resplandor incendiario de sus colines.
El miedo se desvanecía junto a los ecos del cerro y la vastedad de la preciosa bahía. Nunca más, como los gallardos susurros del cuervo de Poe, la patria y sus hombres se rendiría a las embestidas del oscuro vecino de occidente. Los acontecimientos del 19 de Marzo son los cimientos galvanizados de nuestra Independencia. Son la revelación clara en toda la psique nacional de quien es nuestro enemigo, y cuales son sus verdaderos deseos por aquellos tiempos. Con sinsabor Jacques le Bon recordaba al déspota General Santana. Al feroz patrón del Prado del Seybo. Recordaba a Pedro el hermano de Ramón. Al tártaro que fusiló hasta sus más grandes hombres y mujeres que le acompañaron. Al caudillo que había nacido en Hincha, y que le movía desde su niñez su odio visceral a lo haitiano. Al tirano del artículo 210 que sin embargo sin él. Sin su cojonudo espíritu y determinación no existiría nuestra Independencia Nacional de Haití. Los héroes morían jóvenes, y de corto paso por el poder necesariamente. Ahh tumbos da la vida y la historia, Jacques le Bon recordaba las palabras del caudillo de Navarrete al depositar los huesos del General Santana en el panteón de la Patria.