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CONTRACORRIENTE

Días de lluvia con humedad. Los vicios de construcción, la ausencia de verdaderos drenajes en calles y avenidas brillaban junto al fluir poderoso de las aguas. Cualquier aguacero inunda y cuelga a la vista las inmundicias de las carencias propias del subdesarrollo. Los aguaceros salpicaban como las noticias del momento la triste realidad de los trópicos. Que difícil susurraba Jacques le Bon prensa en mano al desayunar. Este pobre hombre. Joven político en este difícil cargo de tanto poder. Con tantas detestables amarguras que chocan con la necesaria honradez. Para así aspirar poder adecentar la alicaída moral nacional. Adentrarse en apenas dos años al lomo de la bestia, para combatir las argucias de la fauna y ocupar el solio presidencial con dignidad como domador de bestias. Distanciarse para poner a raya esta fauna de chupadores y vividores de la vaca nacional. Menuda tarea suspiraba Jacques le Bon.

El titular del Hoy de hoy era revelador: El país no logra salir de 30 años de educación estancada. Un tal senador Victoria somete proyecto para regular licencia profesionales. Vaya por Dios tarareaba Jacques le Bon.  Este proyecto de ley tiene sabor a zona de búsqueda. Un aroma a la deseada discrecionalidad del poder en los trópicos. Quien puede y quien no ejercer?. Y esa facultad no es de las universidades al evacuar sus títulos que acreditan al profesional se cuestionaba Jacques le Bon. En esencia somos un país de babosos sentenciaba Jacques. Somos los bufones del tiempo y el terror como apuntaba Lord Byron. La peor pandemia en estos dos años es la realidad de nuestra educación. Tantos recursos del tarareado 4% en estos años con estos míseros resultados. Regresión total. Somos hoy más bárbaros y estamos más lejos de la deseada aspiración a verdaderos estadios de civilización.

La estupidez perredeista se reafirmaba con el querer regular a los profesionales al igual que a la pretendida regulación laboral a las domésticas. Jacques le Bon continuaba pasando páginas a la prensa. Del 2015 al 2020 los consulados dominicanos en Haití recaudaron la suma de USD$ 79.5 millones de Dólares. Solo USD$ 11.6 ingresaron a las arcas del estado. Viva la pepa vociferaba Jacques le Bon. Partía de tiguere carajo. Jacques recordó a su padre quien le decía que aquí estuvieron los Gitanos y se fueron. No había nada que buscar.

El panorama internacional era aún más desolador. Nuevas alzas en los mercados mundiales del petróleo, maíz, avena, algodón, soya y trigo. Gas natural repunta 6%. Banco Mundial baja pronóstico crecimiento mundial. FED con un enorme trabajo por inflación. Dice el presidente Zelenski: no importa cuántas tropas rusas sean, lucharemos. Rusia lanza bombas antibúnker. Ucrania avanza en ingreso a la Unión Europea. EU critica China no condene invasión.

Abrumado Jacques le Bon fue a la segunda página del periódico. Hoy en la historia era un bálsamo: «1906 nace Luis Alberti. República Dominicana. Luis Felipe Alberti Mieses fue un músico, arreglista y una de las figuras fundamentales de la música popular dominicana. Nació en la Vega, el 19 de abril de 1906. Autor de canciones y merengues populares como «Luna sobre el Jaragua» y «Compadre Pedro Juan». Fue primer violín de la Orquesta Sinfónica de Santo Domingo de la que es considerado fundador. Creó las orquestas «Jazz Band Alberti», «La Lira del Yaque» y la «Santa Cecilia». Murió en Santiago de los Caballeros el 26 de enero de 1976.» Con este punto final cultural Jacques le Bon recordaba, con la imagen viva de aquél famoso cuadro de Jaime Colson, las melodías del gran maestro Alberti en un frenesí de güira y acordeón.

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