Diferente a la mayoría de los parques de la ciudad, el parque Bosque de la Vida del Serrallés tiene un status jurídico diferente. Los terrenos fueron una especie de donación de la familia Esteva, propietaria de todos aquellos terrenos inicialmente, a la comunidad como tal. No puede ser vendido. No puede ser transferido. La jurisdicción del ayuntamiento de Santo Domingo regula, da seguimiento a las ordenanzas y buen uso. Pero no puede, como ningún organismo del Estado, disponer de estos terrenos. Tampoco revertir el espíritu para lo que fue creado conforme a la voluntad de la familia que cedió dichos terrenos a la comunidad del Serrallés. La fundación Progressio ha sido la artífice y desarrolladora de este espacio único. Es pues la junta de vecinos su guardián y, quien vela por la buena marcha del micro bosque en medio de nuestra jungla de cemento en el polígono central. Esa es la información tengo como simple vecino de la comunidad.
En diferentes etapas. En diferentes sindicaturas la creatividad de los políticos de turno se hacen presente. Inolvidable las aspiraciones de Fuiquiti, aquel viejo síndico comediante de la Peste Púrpura, que le querían echar mano primero a los terrenos. Y luego que no pudieron, querían "remodelar" tipo el de Corazones Unidos, para borrar la naturaleza y poner cemento. Poner bancos y demás "facilidades" para hacer del bosque un lugar de encuentro. De francachelas, picnics y demás escaramuzas urbanas para romper con su mayor activo. El gran capital del Bosque de la Vida: un micro bosque en medio de la jungla. La envidiable realidad de poder estar en comunión con la naturaleza. Siendo en ese simple pero grandioso detalle la joya del polígono central. Hasta la envidia diríamos. Gracias a un viejo roble reformista mano derecha del Doctor, quien vivía por aquellas fechas frente al parque no pudieron concretizar el asalto. Filo con filo no corta. El síndico comediante desistió.
Recientemente ha vuelto el ruido sobre el parque del Serrallés. Ahora es el tema de la calle Escoto. Que si el residencial Juan Antonio se apropio de un área del parque para usufructuar parqueos en su provecho. Que si ha cerrado la vía publica, que no tiene salida para uso exclusivo de sus residentes. Dicen que esas áreas del parqueo fue comprada con anterioridad por el residencial, lo ignoro. Lo que si está claro es que las dos gigantes torres, paradas por años y ahora en fase final, que dan al parque y su frente a la José Amado Soler ansían tener acceso a esta calle. Derribar ese muro y poder salir tanto por su José Amado Soler, como por la Agustín Lara. Tanto por viabilidad como por comodidad y valor agregado a estas torres. Esa es la cuestión. Por esto es que es ahora noticia Serrallés.
Quien tiene la razón si las torres o el residencial me pregunto. Que buscan personas supuestamente fuera del conflicto de intereses entre las partes, embestidos como una especie de chapulines del parque y la comunidad. Lo harán por genuino espíritu de comunidad me pregunto. Lo cierto es que se ha querido crear un mar revuelto. Una especie de todo cuestionado donde se quiere dejar hasta la duda del parque y sus terrenos. Quien escribe es un simple caminante del parque desde hace más de veinte años. Voy a dar mi opinión como yo lo veo. Como ser humano que habita en el Serrallés y que disfruta del aire, más allá de los ayres, de su parque. Deseo se pongan de acuerdo el residencial y las torres. No me afecta como comunidad en nada lo que se acuerde allí en torno a la callecita. Los parqueos internos que sigan en el residencial. Mejor ahí, que un desorden de parqueadores en joseo para estacionar vehículos de negocios aledaños que no tienen parqueo. Esa pequeña franja en manos del residencial no quiebra la armonía ni el espíritu del parque. Los tres o cuatro parqueos de fuera que vuelvan a ser públicos como eran, y el ayuntamiento saque su mano en lo que sí está funcionando.
Quizás valdría recordarle el deterioro en la recogida de basura en nuestro sector. El parque que quede tal cual. Zona verde de esparcimiento, para poder realizar caminatas y contacto con la naturaleza. Sin ruidos ni estridencias. En comunión espiritual con nuestro pequeño santuario verde. Dejen nuestro parque tranquilo. Dejen quieto Serrallés, fuera del bochincheo y el desorden nacional. Hablo por sus árboles, por sus aves y simpáticos lagartos. Por sus dos grados menos a la redonda. Por las innumerables mascotas que van día a día para abrazar su grama. Por muchos que logran allí despejarse y respirar renovados aires en medio de nuestra jungla de cemento. Hacer conciencia plena del deber y enorme valor de estos espacios para el presente y la posteridad.