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JACQUES & LA MEMORIA

El instinto rige el mundo. En la vida. En la muerte. Tan reciente como ayer, eufórico Jacques le Bon exhalaba sentimientos de esperanza. Llegó el día pensaba. El execrable aroma al leer el parte noticioso sobre la mafia de Hacienda, era un clímax nauseabundo. Días atrás preparaban el espectáculo con el documento judicial circulaba. Tantos casos de fieras marinas, cientos y cientos de personas involucrados. Hoy, el decano de la prensa nacional rezaba en su titular: Abren las rejas a los del Antipulpo. Jacques amante de su país. Seguidor espiritual del Prócer. Una especie de tiguere binbin de Villacon, se sintió ridículo creyendo en va a llover. Recordó el rumor de la supuesta reunión en El Millón días atrás, entre miembros del politburó de la peste púrpura y altos funcionarios del gobierno. El tufo político reeleccionista presidenciable como déjà vu, desde aquella coincidencia en honras fúnebres en la tierra de Chapita el cuatrero también era revelador. No ombe no……..vociferaba Jacques le Bon. Fue quizás su ciego deseo de justicia que, con sueños de esperanza opacó sus instintos desarrollados en pragmatismo de clima tropical. Aquí, parece que no pasará nada mascullaba Jacques con una imaginaria fotografía del Coliseo Romano.

Apesadumbrando Jacques le Bon traspasaba el destartalado hospital Dr. Félix María Goico en su entrada a Villacon. A pocos metros se topó con La Memoria. Una enajenada, de los muchos que pululan por las calles del gran Santo Domingo. La Memoria caminaba de forma apresurada mirando el horizonte. En cada paso, daba potentes bocanadas a un cigarro Crema. Con un semblante repleto de nervios, gesticulaba de forma errada como confirmación de no haber tomado la pastilla. Al llegar justo frente a ella, Jacques desafiante la fotografió desde su celular. Miraba el pavimento fijamente y triste. Ajena, anónima e indiferente al acontecer de la nación se agarraba sus derruidos pantalones de colores como manchas para que no se les cayesen. Sin una sonrisa, batallaba desde sus mundos imaginarios sin realidad ni expectativas macizas.

Dicen La Memoria llegó a Villacon en sus orígenes, en los tiempos de los potreros de Venturita. Como símbolo del sálvese quien pueda nacional, se paseaba arriba y abajo por las calles comerciales del populoso sector. Villacon ya mucho más comercial. Sin aquellos opacos, pintorescos cabareses nocturnos y diurnos de otros tiempos, como El Peje que fuma abajo el Agua, era un ambiente menos acogedor para el folklore de la locura. La Memoria carente de sano juicio, melancólica en un no ser abatido. Era una estampa del pasado, pero con presente. Una embajadora de los tiempos de Chochueca dispuesta a ir a los funerales de sus verdugos. Un símbolo de los ya grandes sedimentos acumulados de nuestro cruel sistema repleto de inequidad. Que frágil nuestro contrato social susurraba Jacques le Bon. Como aquellos Comicios Agrícolas en Madame Bovary de Flaubert, La Memoria paseaba estando sin estar, por el icónico sector con aroma a vísceras, candados CP y chancletas Samurai. Sustraída, en el más abyecto olvido desde el silencio con ruido de las estrecheces del mundo de los miserables.

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