In Cultura

LÁGRIMAS DE GLORIA

"Vamos a conocer la paz y la serenidad; Juntos en la fraternidad del espíritu." Bill W.

Un leve rocío se esparcía por todo Villacon. Tuto Pérez Guernica, desde su microcosmo infernal, desenfundó su infame y asquerosa pipa. El hedor y el poderoso hechizo de una piedra matutina era su rutina desde hace años. Confundido y con un inconsciente deseo pero impotente de querer parar, aspiraba compulsiva mente, aquella trágica humarada que secuestraba sus papilas. Todo el peso de su alma destrozada en cada soplo bucal. Algo le gritaba que estaba jodido en sus adentros con cada patá. Una fuerza vital le recordaba la esperanza en cada fuetazo; a pesar de su muerte en vida. Desde un block roto, en su guarida en los alrededores del mercado, hecho un vistazo al día. Se filtraba el encantador poder de los rayos solares que iluminaba su triste nota. El bullicio de un cónclave laborioso. Le pasaba y escuchaba desde aquel hoyito universal. Una secuencia  del doloroso largometraje de un viaje lleno de miseria, mentira y total sufrimiento, fluía en su cerebro como una mancha mortal. El crack, convertido en un acreedor implacable, había tomado posesión de todo su ser. Pulverizaba, como los restos de cocaína, su alma en cada aliento de humanidad y libertad. Hoy a diferencia de ayer, Tuto y su lúdica nota, tenían una invitación de su entrañable amigo de infancia y compañero de juergas, Tony "El Greñu". A las nueve de la mañana llegó Tony, grito con alegría y novedad: Tutooo!!!! . Al salir de la cueva, andrajoso, pálido y con toda la oscuridad de su cutis. Carcomido por el poder del narcótico, espetó una leve sonrisa; mas bien una mueca, con el retrato sutil y divino de una eterna posibilidad. Tony tendió el brazo a su hermano perdido, con un verso mudo miro los cielos y le masculló: Móntese ahí mi pana de sufrimiento, vamo allí. El sopor del barrio Cristo Rey le inquietaba, el runrunar del Honda 50 lo ensordecía como rumor expectante. Al llegar al club de los Cachorros se detuvieron. Al entrar un círculo de humildes sillas plásticas le llamaron poderosamente la atención. Vinieron personas, que habían vivido igual que él toda su miseria a darle la bienvenida y efusivos abrazos. Un moreno hasta un beso le dio, eso lo confundió. Al cabo de un rato empezó a escuchar cosas. No sabia lo que era, no entendía nada. Pero sentía que algo mágico y misterioso sucedía. Dos lágrimas llenas de gloria se esparcían con cánticos de fe y esperanza por todo su rostro. La imagen de Tatica la de Higüey,  palpitaba en cada aliento de sus pulmones. Por primera vez en años, se sentía pertenecer. Una misteriosa sensación de estar en casa lo invadía. Por una fracción de segundos no pensó en drogarse ni evadir. Una terrible y extraña serenidad arropó todo su ser. Supo sin saber, por los latidos en su alma, que había empezado el interminable viaje de algo extraño, pero apetecible. En este círculo de entrañable unidad le compartían sobre recuperación, espiritualidad. El amor de convertir el sufrimiento en alegría, que respiraba en aquel cuarto lo cautivo. Algo grande sucedía. Lo que tanto busco afuera; brotaba en cada célula desde sus entrañas. Aquella ciudad de San Agustín se enseñoreaba en toda su ignorancia.

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