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EL DÍA DESPUÉS

La noche del 30 de mayo en el restaurant El Pony había una atmósfera de tragos, mesa y camaradería. Justo a las diez de la noche, se paró de su mesa en actitud rauda y veloz, rumbo a la barra donde estaba el teléfono el general Navajita Espaillat. En su narración posterior a los hechos dijo que tras escuchar unos disparos fue inmediatamente al teléfono y llamó al general Mélido Marte, a la sazón inspector general de las fuerzas armadas, para ponerle al tanto. Otros comensales, como la familia propietaria Periche, que al igual que Espaillat estaban en el comedor no escucharon los tiros. Quizás el oído entrenado del general aportó ese plus a su pronta respuesta. Muchos otros piensan y argumentan que el general Navajita Espaillat no estaba en el Pony por casualidad aquella noche del 30 de Mayo. Su condición de doble agente, local y gringo, le daban categoría de ficha importante ante la realidad del ya posible inminente nuevo orden político. Un sentir y una decisión de todos los poderes fácticos de la sociedad de cambio de fichas, incluyendo al Rey, en el tablero del poder nacional. El declive y desgaste del régimen del sátrapa, ya paria local e internacional, era una realidad que solo necesitaba matar al amo supremo que venció tempestades y desafió tormentas. Hace ya meses el déspota era un cadáver político, la caída del régimen era cuestión de decisión, tiempo y el difícil consenso de la élite de la sociedad.

El día después 31 de Mayo fue una jornada de efervescencia. Ya el presidente Kennedy junto a su secretario de prensa Salinger, en rueda de prensa en París, daban la noticia del tiranicidio del dictador Trujillo a manos de sus antiguos servidores. Con el escenario frente a la majestad del mar Caribe y sus espumas de salitre como testigo. En ciudad Trujillo corría la bomba, pero aún la prensa nacional no publicaba la noticia. Dicen que aguardaban la llegada del avión con el general Ramfis Trujillo Martínez a San Isidro de París para publicar, por órdenes estrictas de María Martínez de Trujillo viuda del otrora jefe y benefactor de la patria nueva.

El día después ya consumada la desaparición física del César Caribeño, los hilos del poder desde la condición humana que los mueve iniciaron la acción del a Rey muerto Rey puesto. Con ello las pugnas y luchas de intereses desde todos los ámbitos. El grupo de María Martínez con su hijo Ramfis como sucesor se movía entre el dolor y los deseos de continuidad. Personajes desde el oscuro Johnny Abbes a Negro Trujillo, Petán hasta el comunista López Molina se adherían a está fórmula. Las fuerzas del otrora poderoso y desterrado Anselmo «ojo de vidrio» Paulino con Joaquín Balaguer como su delfín movían sus hilos y tomaban los mangos caídos en sus manos. Se comenta que la primera llamada de Balaguer ante el hecho consumado, quien era el presidente de la república títere, fue llamar al general Mélido Marte y confirmar todo el estado mayor en sus puestos. Pocos días después, el 3 de agosto nombra a Fello Vidal ministro de lo interior, el mismo Fouché tropical que fue ministro del interior en el ascenso de Trujillo al poder en el 30. En la conjura contra Horacio Vásquez de la que Balaguer fue partícipe junto a Estrella Ureña y Trujillo de líder. Un tercer grupo era la oligarquía con su líder José María Cabral Bermúdez. Estos tenían muy claro su visión, desde sus intereses y proyecto de nación tras la dictadura, del progreso y rumbo debía tomar el país post Trujillo. Se comenta que Balaguer, como diciendo yo se en qué ustedes están, le propuso la presidencia del consejo al oligarca. Cabral rechazó alegando no era político. En el devenir del proceso como rastro inequívoco del grupo participan dos sobrinos del armador de la oligarquía. Donald Reid Cabral en el ámbito político que todos conocemos. Gianni Vicini Cabral ( Mr. X) con su sello de la más prestante familia a favor de los ansiados cambios.

Todo parece que el común denominador del grupo Balaguer-Paulino y la oligarquía eran la embajada o sea los norteamericanos. Los americanos habían decidido un futuro sin Trujillo pero dudaban en manos de quien específicamente poner el futuro. Tanto la pronta actitud del general Navajita Espaillat agente de la CIA, como de Joaquín Balaguer demuestran que ambos sabian de los multiples complots y aguardaban el hecho consumado. Los americanos participaron en todos y fueron parte de todos sin duda alguna. Como la Iglesia con su sabiduría milenaria que se tiro del barco cuando hacia aguas, y también aguardaba rumbo de los vientos. El grupo oligarca al igual que el grupo ejecutor del 30 de mayo no lograron la principalía política , probablemente para el bien de sus intereses y el rumbo nacional. Tanto el Dr. Viriato Fiallo con sus látigos como el General Román carecían del olfato politico. La caida de Modesto Díaz cercenó el posible líder del grupo ejecutor del tiranicidio, todos ex-trujillistas acéfalos para la toma del poder. El tiempo devino en justica para los sobrevivientes, indudables héroes nacionales, en sus posteriores roles y salvaguardas de nuestro intento de democracia.

El día después fue el inicio de la era política de Balaguer, y solo Balaguer ya con Paulino en Suiza en su asilo consentido diplomático perpetuo. Desterrados los Trujillo, aminorada desde su luz propia el mote de servidor a la tiranía, el Dr. Balaguer fue ejecutando su plan en la toma del poder que quizás tenía hirvanando desde el 1930. En una mutación de cortesano de la era a jefe de estado de los tiempos, con la paciencia de un monje trapense. En el interín de las circunstancias, siempre receptivo a la realidad de los poderes fácticos del imperio, la Iglesia y el capital. Fue implantando sus deseos y anhelos de poder junto a la necesidad nacional. Su pragmatismo para ser el timonel del cambio necesario en esos mares tumultuosos y llenos de vacío de poder de la época. Tiempos de veteranos, de sagaces conductores desde el arte de lo posible. Tiempos del caudillo de Navarrete.

Balaguer y el general Navajita eran fichas de un mismo fin: el proyecto Balaguer. Luego en el devenir se le sumó la oligarquía. Aún no lo querian pero por necesidad y celosos guardianes de sus intereses. Desde el pragmatismo de lo real junto a los testasferros de los Trujillo, algunos miembros de la oligarquía, que se repartieron y pasaron a «heredar» fortunas del palo caído. El sucesor del «artista de la política tropical» Rafael Leonidas Trujillo Molina sería el Dr. Joaquín Balaguer Ricardo. Quien gravitaría como protagonista del poder absoluto por espacio de 40 años, junto a la bendición eclesciástica apostólica romana. Justo hasta que la muerte natural le sorprende en la Clínica Abreu. Lo llevan a su pequeña cama a iniciar su responso eterno en el 2002. Debajo, su Ford Lincoln Continental regalo del presidente Nixon en la marquesina. En medio de chivas amarradas junto a la enana al barrer en la Máximo Goméz 25. En el patio desde su pequeño búnker, se apagó la luz del más dilatado caudillo nacional de todos los tiempos.

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