Llegas siempre de viaje,
escondido en funda de aeropuerto.
Rectángulo poderoso,
desde que te siento aprieto los labios
y enjuago mi boca humedecida de pre-placer.
Cuando ya te tengo
planifico la noche.
Sentado en mi sofá rojo de habitación,
con lámpara de Ikea
y el rugir de mi aire acondicionado.
Recién salido de la ducha,
ya con mi uniforme de Bala:
t-shirt blanco y short gris,
chancletas reef.
Abrir el papel encerado de tú marca,
romper el papel de aluminio,
sentirte y olerte dispuesto,
secuestrado por el placer
y la necesidad imperiosa.
10 porciones,
para un ritual sagrado de cinco días.
Marrón intenso, aroma seductor,
nacido del fruto en tierra cálida,
eres caricias, abrazos y puro amor.
cura infalible
ahuyentas las guerras,
no hay pena que tu sabor no diluya,
eres dulce y hasta consuelo.
Lindt como oro de cacao sagrado,
tus mezclas,
y delicadas partituras.
fusión de Ghana, Caribe y Ecuador.
Desde Kilchberg
a orillas del lago de Zúrich,
la receta de grandes maestros chocolateros
como David Sprüngli y Rodolphe Lindt.
Siempre a la siete de la noche,
como mágico ritual,
Cuadrito por cuadrito,
mordida tras mordida.
solo negro o con frutos secos,
como caricias interplanetarias
de un paraíso perdido.
Cinco noches de gloria,
con sus días de descanso en la coqueta.
Lindt te amo
te imploro y te necesito ahora en abril.