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NADA ES PARA SIEMPRE

Antes de abrir sus ojos al despertar, la poderosa imagen de los relojes derretidos de Dalí surcaba toda su frente. Que extraño pensó Anselmo Paulino Roncones. Para luego musitar: nada es para siempre. Tras un breve estiramiento, miró fijamente la blancura de su techo como símbolo de la nada. En minutos Claudia Pedralles despertó, su fiel asistente y mejor amante, y volcó su torso hacia Anselmo frotándole sus piernas y acariciándole su pecho. El frote de pieles era éxtasis, un preámbulo de gloria para encarar el nuevo día. Era doce de mayo. Entre guerras y un nuevo hantavirus. El importante viaje del Trompo Gotti tramposo a ver al Mandarín de la potencia emergente. El populismo minero o la nueva búsqueda nacional. Y el nuevo Santiago catalizador digital del descontento nacional con apoyo de la Embajada, como elemento disruptivo para nuestra frágil democracia. Que coctelera de globales y nacionales acontecimientos susurraba Anselmo a Claudia.

Aquí no hemos tenido nuestra especie de relatos nacionales a la usanza de un Benito Pérez Galdós, comentaba Anselmo Paulino Roncones a Claudia Pedralles. Si acaso tuvimos un intento literario con los relatos de Casimiro Nemesio de Moya en sus episodios nacionales. Pero las entrañas del monstruo. Las sucesivas incursiones tras el ascenso en la escalera social desde las tristes ubres de la vaca nacional, épocas tras épocas no han sido compiladas. Contadas como la continuidad de un monstruo eterno, esa motivación esencial que engrasa la maquinaria nacional. Ahh nada es para siempre mi amada Claudia. Anselmo se paró, y se puso su verde bata de seda. Voy a preparar desayuno le dijo a Claudia Pedralles, su fiel asistente y mejor amante.

Ya en la mesa Anselmo Paulino Roncones y Claudia Pedralles disfrutaban su desayuno junto a la prensa nacional. Huevos de granja fritos en aceite de oliva, lonjas de jamón extra el Cid y jamón de pavo Boars head glazeados en maple al sartén, generosos trozos de aguacate con toque de sal y oliva, y rebanadas de pan integral Lumijor. Entre sorbos de un café Monte Real con leche y el suculento desayuno seguían conversando y comentando las noticias de la prensa nacional. Hoy no dictaremos querida Claudia dijo Anselmo. Será un día de observar y dejar pasar. Una jornada de expectativas ante las futuras posibilidades para la humanidad. Que tiempos. Que tiempos mi amada Claudia balbuceaba Anselmo, junto al aroma de la fusión de su plato de huevos fritos, jamones y aguacate.

Nada es para siempre. La democracia tiembla. El endeble orden establecido se tambalea. Las instituciones erosionan en su inutilidad. Nada satisface. Somos más y mejores, pero nos percibimos frágiles y derrotados. Los avances son pasado. Lo que tenemos ya es historia junto al triste poder de lo que nos falta. Todo o nada como simbología. Vuelven los cercos, con sus enormes muros y paredes. El espíritu de la tribu se radicaliza. Las grandes esperanzas se desvanecen junto al fervor de las ansias de un nuevo poder total. Vuelven las mezquindades y el egocentrismo destructivo. El ombligo cerca la mirada, como centro de la realidad. Décadas de progreso ya pasadas. El pesimismo ahoga el optimismo. Un lobo solitario aullando miedo y soledad. Pekín será la tumba. O la salvación de la humanidad. Todo el terror fue olvidado. Volverán mi amada Claudia Pedralles susurraba Anselmo Paulino Roncones. Volverá el olor chamuscado de la tierra baldía. Los versos resucitados como nuestro Mesías del poeta T. S. Eliot. Nada es para siempre, una niebla al ritmo de tambores de guerra se cierne sobre toda la humanidad.

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