La verdadera guerra es comercial. El control del sistema financiero y sus reglas la motivación eterna. Siglos de historia universal nos lo demuestran. Eso lo saben los chinos continentales, y los de Bonao también. Creamos nuevas fronteras o derribamos viejas. Mueren viejos estados y nacen nuevos. Eliminamos sistemas, para crear nuevos afines al poder eterno con sus intereses. Construimos relatos convincentes que tocan fibras y el ego colectivo tribal. Mitificamos dioses para apuntalar el miedo como razón de estado. Matamos a diestra y siniestra. Explotamos y atropellamos todo lo que se interponga en el camino de los dominios. Todo cambia por los siglos de los siglos, para que todo siga igual. La historia del poder universal es sangrienta con aroma a muros y oscuridad.
La libertad y la paz siempre son relativas. Están supeditadas al nivel de las arcas imperiales y al estado actual de los resortes del dominio y el poder. Ochenta años de paz relativa y los mayores niveles de progreso para la humanidad, son ya pasado cuando las estructuras del poder real tienen miedo y perciben la posibilidad de ser reemplazados. El verdadero todo radica ahí. En la embriagadora atmósfera de la hegemonía mundial. Egoísmo imperial. Insaciable, como el sueño humano en busca de la eternidad. El estado profundo es un dios omnisciente, en todo y todas las cosas. El Trompo Gotti tramposo es herramienta. Catalizador disruptivo como director de lo que se ve, en la gran carpa del circo del escenario internacional.
Se crean guerras. Conflictos locales e internacionales. El futuro y la definición de la cuestión de la nueva era marcan los corredores geopolíticos de los tiempos. Que será lo necesario. Que cosas dominarán la economía. Para a partir de renovar la súper estructura, para reciclar o definir sistemas, códigos y reglas que con un mismo fin por los siglos de los siglos. Ni la clara alusión del Mandarín a la trampa auto-destructiva de Tucídides frena. Roma helenizada fue luego Europa. Siglos de la anglosfera fusionada a los cánones del dominio del viejo continente, revelan que el fin justifica todos los medios. Explotación, esclavitud, imposición cueste lo que cueste. Que sofistica, y se reinventa hasta la posibilidad de recrear un sentir efímero de libertad y propósito colectivo en las masas.
Las amenazas al poder real son pues tambores de guerra. Lucha fratricida para buscar mantener el control de los hilos de los dominios universales. Monedas. Patrón oro, o petromonedas. Swift con sus interconexiones y clubes globales. La banca con sus mutaciones clásicas y de inversiones son el banco de cuatro patas donde fluye la energía planetaria. Equidad, justicia e igualdad son ilusiones. Posibilidades que solo se recrean cuando la caja imperial se desborda de monedas. Sus propios excesos y francachelas traen la complacencia. La posibilidad de años de espacios con sueños dorados de libertad y progreso global. Alonso Quijano lo pudo ver desde su triste figura. Patentizó la metáfora literaria de la locura. Por la libertad se ha de morir soñaba, al lomo de Rocinante junto a sus lanzas. Desmitificando el poderoso poder de los gigantescos molinos de frente. Ulises héroe legendario de la mitología griega, tras la guerra de Troya anhelaba volver. Volver a Ítaca. El viaje de la vida, el aprendizaje y las metas. Años de locura de guerras ansiaba cordura pues. Paz y el verdadero propósito de la vida antes de la creación del estado, la propiedad privada y la familia. Ulises y el sentido del regreso. El hogar, el puerto seguro y ese lugar que uno siempre quiere volver.
La Española como Ítaca es isla. Los muros florecen como las eternas murallas coloniales, efímeras hoy frente al viejo Restaurant Mario del chino Chez. Nuevas barreras comerciales desde el imperio. Excusas de trabajo forzoso florecen como aranceles y el ya verdadero final del "libre comercio". El burócrata nacional de turno se restablece. Aduanas como gran puerta vuelve al guiso. Que entra y que no. Los viejos maletines de Dumit, las bellaquerías caribeñas de aquella Anisia o las nefastas estructuras de los guardias incontrolables, son ahora los embajadores chinos de la Ruta de la Seda. Con los sospechosos habituales locales por supuesto. Ese reciclaje nacional de composición social de tigueres binbines ascendentes.
¿Quien determinará que fábrica o productos son fruto del trabajo forzoso?. La discrecionalidad resurge, como la búsqueda eterna de los chupadores de la teta nacional. La intrascendencia trae acomodos. La cercanía imperial posibilidades nuevas para algunos, e inmutables a los pequeños procónsules de estas latitudes. Los muros del siglo XXI se sienten. Ahoga su olor a moho y el poder asfixiante de sus piedras. Navegar como Ulises pues. El grado de locura del Quijote necesario, como el combustible imaginario de Dulcinea del Toboso. Ítaca ha de estar en el corazón de forma atemporal. Como la invención de Penélope, para dar sentido a la posibilidad de sobrevivir a la sinrazón. Trascender los nuevos muros del siglo XXI con ciencia y arte espiritual necesidad. Con Dios, y el inagotable recurso interior. Junto al resplandor del Siglo de Oro español con toda su literatura, su teatro y su pintura: soñando vivir. Sino fuera por los sueños, el arte, el amor y la pasión.