In Reflexión

BREVE HISTORIA DEL CONTRABANDO I

Los inicios caribeños de la corrosiva actividad fueron redentores. Quizás el remedio maldito, a una injusticia sistémica del noble imperio con características de sistema feudal. Volar el cerco al monopolio de la Casa de Contratación de Sevilla fue necesidad pues. Remedio circunstanciales que producirían una arritmia histórica eterna en La Española. Las devastaciones fueron un punto de quiebre. Un iniciar, olvidados a su propia suerte, de ganarse la vida para existir y ese respirar tan humano. La ciudad del Ozama no era opción para vender e intercambiar en el norte devastado. Reses pastaban y rumiaban proseguir. Muchos sospecharon de Osorio, y sus oscuras maquinaciones lejos de la realidad y el pragmatismo de la vida. Como todo debía pasar por el Ozama, a los brazos del único comprador. Con todas las aberraciones monopólicas de mala paga y precios injustos. Muchos se quedaron, y burlaron las sórdidas directrices de la metrópolis y su Osorio el devastador. Cómo he de esperar surgió un modus viviendi. La vida prosiguió su agitado curso en la zona, a pesar de las pretensiones imperiales de borrar la zona y salar sus terrenos. Como si desapareciesen del mapa por ínfulas imperiales de Felipe III.

El mercantilismo ya provocaba excedentes. Los azares hacían de los Piratas embajadores comerciales de sus metrópolis europeas. La biblia protestante fue anzuelo para pisar playas y acariciar nuevos puertos. Las reses con sus pieles. Miel, bija, víveres. La necesidad de herramientas. De brújulas, ropas y condimentos sofisticados. Querer y necesitar eran más fuertes que el idioma o lo cultural. El intercambio arrancó para instaurar el contrabando, y volar el cerco ominoso de Sevilla. Prohibido joderse, como axioma humano esencial dio vida a un nuevo mundo paralelo. Ingleses, portugueses, holandeses y franceses expandieron sus fronteras para competir, desde el contrabando y la piratería, al pretendido monopolio imperial de España en sus colonias. La posibilidad de riquezas era más fuerte que bulas papales. Se ocuparon terrenos. Nació el mítico enclave de la Isla de la Tortuga. Trajo la división de la isla, en estos dos mundos opuestos con sus culturas de explotación imperial contrapuestas. Barcos repletos de materia prima del Caribe navegaban hacia los grandes puertos europeos. El contrabando con la piratería como sistema fue la contundente y pragmática respuesta de los competidores europeos, al pretendido monopolio de las cortes españolas con sus señoritos rentistas y de pensamiento feudal. Carentes de la visión de mercado y del poder del mercantilismo, furiosa antesala del capitalismo industrial.

La necesaria expulsión de los judíos por la inmensa Isabel la Católica. Enseñoreaba la otra cara de la moneda. Sin artesanos ni comerciantes, la ausencia de burguesía en el ethos español conquistador provocaba esas lagunas en el pensamiento de los métodos macros del sistema imperial de la conquista del Nuevo Mundo. Si bien el mérito de la empresa ante el descubrimiento es netamente español, los otros nacientes estados europeos burgueses mercantilistas capitalizaron los nuevos grandes mercados. Contrabando, zaqueo y piratería se impusieron, como el fin justifica los medios, para consolidar la geométrica expansión del capital. Como génesis de acumulación originaria para la muy posterior revolución industrial. El contrabando fue un medio para la zona norte pues. Un nuevo camino. La posibilidad de acariciar la libertad y vivir para sus poblaciones, devastadas y olvidadas ante esas tristes decisiones en los oscuros corrillos del poder europeo imperial. Ante la falta de capacidad de percibir la realidad de aquél Valladolid, borracho de pompas y aturdido por su triste visión feudal que casi continuó hasta los tiempos del gran caudillo del Ferrol.

Cientos de años después, el contrabando persiste en nuestras fibras. Muchas fortunas desde la política, la industria o el comercio le deben los bríos de su acumulación originaria. Deben su "suerte" a esta práctica milenaria. Que probablemente se pensó y surgió como alternativa a los albores de los tiempos de la propiedad privada, el estado y el origen de la familia. Antes y después de la intervención norteamericana, el pago de impuestos arancelarios ha sido mecanismo de riquezas. El juego de competencia desleal a los favoritos de turno. La disrupción sucia de autoridades de su tiempo, para hacer de la trampa cuotas de poder junto a sus acólitos asociados. Ese mecanismo es parte intrínseca del poder en el Caribe. Hasta en el acontecer de guerras patrias, se le ha pegado candela a Aduanas pero vacíos sus depósitos. Poder político. Poder militar en maridaje con el codicioso epocal. Y ahora hasta poder geopolítico transfronterizos renovados, como los viejos corsarios y piratas. Hacen del contrabando instrumento de sus políticas de hegemonía y dominación. Ahí está la Ruta de la Seda, desde el hegemón pretendiente. Y el aún líder del hegemón alicaído de este nuevo mundo multipolar. Que pregona sin pudor que va -muy pronto- a rellenar sus reservas petroleras casi ya vacías con el oro negro sustraído de la tierra de Bolívar. Un nuevo Drake, el Trompo Gotti tramposo en los tiempos de la IA. Continuará. . . . . .

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