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ALMA CONTEMPORÁNEA

Conmocionado ante los acontecimientos. Frágil, Jacques le Bon saboreaba la pequeñez humana ante la furia salvaje de la naturaleza. Polvo y sombra se sentía leyendo la prensa, y viendo por la televisión las consecuencias del doblete sísmico en la hermana nación de Venezuela. Jacques le Bon lloraba solo en aquél momento de revelación de la vida en sus términos. Su esposa e hijos fuera, fue un caldo de tristeza y terror ver aquello, consigo mismo y Dios. Teorías conspirativas de dominio imperial saltaron a la palestra, así como voces bíblicas señalando consecuencias de fiestas de palos por el día de San Juan. Aferrado a la luz, con sollozos Jacques le Bon hacia caso omiso a esas voces que buscan un porqué. Podía tocar la impotencia. Tan conocida por él en sus Waterloos y batallas terrenales. Podía respirar el dolor y la fragilidad de la hermana patria, que dio cobijo a nuestro Prócer. Con el alma encendida, Jacques le Bon buscaba lecturas. Ansiaba luz para su alma lacerada entre guerras globales, pandemias y desacuerdos permanentes donde reinaba el caos. Azuzaba el terror de las fallas del Caribe, buscando palabras que aquietaran la incertidumbre. La incerteza generalizada como fantasmas de oscuridades persiguiendo las almas. Tableta en mano Jacques le Bon viajo a España. El diario el Pais traía una curiosa entrevista del periodista Guillermo Abril al intelectual chino radicado en Alemania Xiang Biao:

"Más que un académico, Xiang Biao (Wenzhou, China, 1972) parece una superestrella en China, y eso que ha desarrollado la mayor parte de su carrera fuera. O quizá por eso: cuando visita su país, nubes de estudiantes lo rodean con interrogantes mientras lo graban con el móvil. La fama de este antropólogo social, que hoy dirige el Instituto Max Planck de Sociología y Etnografía (Halle, Alemania), se disparó con su anterior libro, Self as Method. Thinking Through China and the World (uno mismo como método: reflexiones sobre China y el mundo; sin traducir al español, 2020). En él, trataba los problemas de los jóvenes en una sociedad ultracompetitiva y en fase de moderación del crecimiento explosivo de antaño. Logró conectar con la sensación generacional de falta de expectativas en el gigante asiático. Vendió más de 200.000 ejemplares en chino; fue uno de los libros de mayor impacto en 2020 según Douban, el equivalente a Amazon para libros en China.

Graduado en la prestigiosa Universidad de Pekín, Xiang se doctoró en Oxford, donde fue profesor hasta 2021. Radicado ahora en Alemania, desde donde atiende por videollamada, en su última obra, Hola, extraño (2025, publicado solo en chino) sondea la sensación de soledad y alienación de las nuevas generaciones en las sociedades urbanas."

Las preguntas de Guillermo Abril del País, junto las respuestas de Xiang Biao eran una revelación al desnudo del alma global de la juventud de los tiempos. Con palabras lapidarias el antropólogo chino Xiang Biao definía la condición del sentido vibrante espiritual actual: la vida suprema es ser poeta, cantar, ser artista. Pero el sistema hace que nos tratemos como máquinas. Junto al temor y temblor de Kierkegaard, Jacques le Bon pensaba en la necesidad para la humanidad de volver a dar el salto de fe, para reencontrarse con lo genuinamente divino. Jacques le Bon releía la interesante entrevista, y como nubes de revelación por todo su cerebro sentía lo verdadero. Las fibras humanas y el vapor del alma contemporánea.

Aquí la interesante entrevista de Guillermo Abril del País a Xiang Biao:

Pregunta. Suele decir que entre los jóvenes chinos existe una enorme sed de conocimiento que no se satisface adecuadamente.

Respuesta. Es un fenómeno bastante global. ¿Por qué ocurre en el contexto chino? En primer lugar, se debe al nivel educativo. Este año, el 63% de los graduados de secundaria han entrado en la Universidad, algo impensable hace 20 años. Hemos llegado a una etapa en la que se puede decir que casi la mayoría de las personas tendrán una educación universitaria. Su capacidad de lectura y pensamiento es incomparable con la de la generación de sus padres. Quieren más explicaciones. A esto se suma el tremendo cambio socioeconómico. El mundo se ha vuelto incierto; el estancamiento se percibe de forma aguda en China, también en Europa: el creciente desempleo y la dificultad para que los universitarios encuentren trabajos satisfactorios es dolorosa. Hay una sensación de desilusión y confusión, a estos jóvenes se les ha dicho desde niños que mientras estudien y obtengan buenas calificaciones tendrán un buen trabajo. Hiciste todo lo que te dijeron, pero no hay trabajo para ti, no hay una vida de clase media para ti y te quedas con tus padres, infeliz. No se trata solo de precariedad económica, también de una sensación de desorientación.

P. ¿Y esa sensación puede extrapolarse?

R. La brecha de capacidades probablemente no sea universal, pero sí global. La generación Z tiene una gran capacidad por el creciente nivel educativo y las tecnologías de la información. Por otro, a menudo se sienten impotentes perciben que su futuro ha sido robado por la generación anterior. Pero las manifestaciones en China y Europa son diferentes. En Europa, uno de los grandes temas es el cambio climático y la crisis energética, especialmente en Alemania. Y luego el estancamiento económico, la falta de perspectivas. Los jóvenes piensan que un trabajo les durará dos meses, dos años. No pueden desarrollar una narrativa vital. Esto es similar en China. Pero la preocupación por el clima y la ansiedad por la polarización política son más agudas en Europa. En China pesan más el estancamiento económico y la falta de lenguaje para expresar la confusión individual. Es un entorno dominado por el discurso estatal; habla de cómo China sigue teniendo éxito en tecnologías estratégicas, lo que es cierto, pero miras a tu alrededor y te sientes impotente, incluso miserable.

P. ¿Puede explicar esto un poco mejor?

R. Debido a que los medios oficiales están tan controlados, los jóvenes reciben estas grandes narrativas sobre eventos globales y el lenguaje que usan para describir la historia. Es glamuroso, celebran el avance tecnológico. Luego cuando se vuelven hacia sí mismos ven que la vida es diferente. Pero no tienen un lenguaje común disponible para describir ese tipo de sentimientos, como la decepción, la incertidumbre.

P. El gran historiador chino Xu Jilin decía hace poco que en China ya no hay una verdadera esfera pública de debate intelectual.

R. No estoy de acuerdo. Toda la evidencia sugiere que sí la hay. Si observamos la cantidad de jóvenes que expresan diferentes puntos de vista, cómo interactúan, sus posturas e ideologías… Por supuesto: hay una línea roja. No todos los temas se pueden discutir. Pero si discutes sobre la vida, sobre lo social, algo no directamente político o ideológico, creo que existe una esfera pública en China.

P. ¿Cómo va de libertad de expresión?

R. Está estrictamente controlada, en parte porque la censura se basa en la búsqueda automatizada de palabras clave y algoritmos. Cualquier publicación que contenga las llamadas “palabras sensibles” puede ser bloqueada o eliminada, independientemente de la opinión expresada. Este control no necesariamente reprime las opiniones disidentes, pero puede haber convertido opiniones diferentes en extremos. Debido a la falta de debates abiertos y matizados sobre temas delicados, es probable que la gente adopte posturas más simplistas. Debo recalcar que las redes sociales chinas constituyen un espacio público muy dinámico.

P. En su último libro dice que nos sentimos rodeados de extraños.

R. Es una continuación de la situación de Europa desde el siglo XVIII: la urbanización y la industrialización. Una ruptura de la comunidad. El desarrollo tecnológico y de infraestructura permite que la sociedad funcione bien hacia los extraños. Gracias a los repartidores, que hacen la vida cómoda, no necesitas molestarte en ser educado o en comunicarte. Lo que quieres es la comida rápido. Te vuelves adicto a esta comodidad. Muchos jóvenes desarrollan fobia social: cuando se encuentran con gente con la que tienen que hablar, les es molesto y agotador. Se crea una sensación no solo de vacío, sino de no saber quién eres, ni de cómo expresar tus sentimientos.

P. ¿Qué consecuencias tiene?

R. Muchos jóvenes se cuestionan constantemente. Estas preguntas son buenas, pero conllevan angustia. Aislados se observan. No es una crítica a la modernidad, sino una reflexión sobre la situación de uno mismo. Espero que el lector piense en la relación con su vecino, sus padres, consigo mismo.

P. ¿La IA acelerará estos procesos?

R. Con la IA la sociedad se debilita. Las personas se convierten cada vez más en robots: maximizas tu productividad, sigues las reglas, aprendes habilidades. Y ya eres como un robot con IA. Y luego, por supuesto, cuando llega la verdadera IA, te reemplazan. El problema no es que la IA sea demasiado fuerte, sino que nos parecemos demasiado a ella. Perdemos la fuerza humana.

P. En Pekín hubo una maratón en el que robots pulverizaron a los humanos. Verlo era un poco absurdo.

R. Hay máquinas que funcionan mejor que tú en ciertas tareas, pero aun así corremos sin motivo, por alegría, por sociabilidad. Si algún día tenemos máquinas haciendo cosas funcionales por nosotros, podemos concentrarnos en otras. La vida suprema es ser poeta, cantar, ser artista. Y la productividad material debería ser realizada por máquinas. Pero el sistema está organizado de forma que todos nos tratamos como una máquina, de lo contrario nos sentiríamos muy preocupados."

La asfixiante realidad de la juventud de China le era un agridulce a Jacques le Bon. Y pensar que Occidente camina hacia allá mascullaba. Acaricia, desde la decadencia y el desgaste de dominios, la posibilidad de la renovación de regímenes fuertes y totalitarios pensaba Jacques le Bon. El miedo es un poderoso diluyente. El cambio, el qué será poderoso. Era 29 de junio. Jacques le Bon leía ahora la prensa local. El periódico Hoy le recordaba el natalicio de Robert Schuman, el padre de la Comunidad Económica Europea. Inicialmente en el carbón y el acero, y germen de la globalización moderna. Este enorme esfuerzo de colaboración y trabajo en mancomunidad, es el mejor ejemplo desde el mundo de Bretton Woods de lo que juntos podemos hacer. Es en Europa. La vieja Europa, hoy alicaída y perdida sentenciaba Jacques le Bon. Desde donde puede resurgir la esperanza y la hermosa posibilidad de volver a unirnos y trabajar juntos como humanidad los enormes retos de cambios en esta nueva Era de la IA. La posibilidad de progreso, bienestar, prosperidad, serenidad desde lo que nos hace realmente grandes: el amor que transforma, como sabiduría suprema en el saber vivir.

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