El clima y la atmósfera definían un día de hamaca conforme a la voluntad de los dioses. Contracorriente, Jacques le Bon se preparó para su caminata matutina. Solía caminar de tarde. Pero era domingo, tanto la ciudad como Serrallés confabulaban con una mañana apacible. Concluidas sus meditaciones matutinas, tomó los audífonos y dos papeletas de los Bluejays (de RD2,000, todo estaba tan caro que eso era un par de fundas con facilidad), luego de su caminata en el parque iría al Súper. Había hecho una radiografía a la nevera, tras la caminata del parque tendría inspiración in sito en el supermercado. Solo consigo y Dios, su esposa e hijo mayor de viaje y su hijo menor en campamento en Jarabacoa, cocinaría algo previo al juego de Brasil-Noruega del mundial.
Le tocaba fregar, que hace años había aprendido era espiritual. Pero Jacques le Bon no estaba en mucha lucha hoy. El fútbol, y compromiso con su escuela espiritual le invitaban a un almuerzo rico, práctico que fluyera con rapidez. Llegando al súper unas nubes negras, y el inefable polvo del Sahara le recordaban los tiempos. Hasta en el futbol el fuñio pelo en la sopa coño, masculló Jacques le Bon con clarividencia. Al predecir desde los pensamientos, la intromisión del Mesías redentor globalista narcisista de los tiempos. La llamada "amistosa" del Trompo Gotti tramposo a Infantino, para quitar la tarjeta roja al jugador de su equipo de cuarta categoría. El posterior triunfo belga, y el baile de sus jugadores fue una atmósfera de gratitud previamente soñada.
Carrito en mano Jacques le Bon miraba con vista de águila en conexión con sus papilas gustativas. La novedad de unos raviolis de lentejas rellenos de ricotta y espinaca le llamaron la atención. Eran de procedencia italiana, por lo que tenían el visto bueno. Ante la novedad de marcas blancas de bajo costo, en el tema comestible no comía artículos de procedencia China o la India. Tantos años Jacques le Bon en el comercio conocía tanto a los chinos como a los hindúes. Y en materia de comestibles le eran muy sospechosos. Trataba de no consumir productos comestibles de esas procedencias. Raviolis en el carrito, buscó un parmeggiano reggiano sabia le faltaba. Una lata de Ginger ale Canadá dry, una pasta de guayaba Goya y queso blanco crema de Burgos definían en su totalidad el almuerzo.
INGREDIENTES UNA PERSONA
Un paquete de raviolis de lentejas rellenos de ricotta & espinaca Líder Italy, dos dientes de ajo picados, tres lonjas de cebolla blanca picaditas, aceite de oliva De Cecco fruttato con generosidad, 6 tomatitos uvas trocedados, sal del Himalaya, dos cucharadas de mantequilla danesa Lupark.
EL PROCESO
Ponemos hervir agua en olla con toque de sal. En un sartén un buen chorro del oliva italiano. Luego el ajo, tras perfumar toda la cocina el ajo incorporamos la cebolla. Ya el agua hirviendo ponemos nuestros raviolis dos minutos, y luego escurrimos. Cuando el ajo y la cebolla se unan desde el amor gastronómico añadimos los tomaticos, sal al gusto y luego la mantequilla. Todo en fusión virtuosa sumamos nuestros raviolis. Con cuchara de madera movemos todo para incorporar nuestros raviolis con la celestial salsa aceitada y mantequillada. Muy breve, quizás antes del minuto apagamos el fuego. Servimos en nuestro plato los raviolis, y luego derramamos el sartén por encima. Finalizamos rayando nuestro poderoso parmeggiano reggiano por todo nuestro plato.
Satisfecho. En un aura de fusión de cocina toscana y napolitana, Jacques le Bon disfrutaba cada bocado de su plato simple con ingredientes de calidad. La calidad de los productos y la pasión al cocinar eran la clave. Ya frente al televisor. Jacques le Bon disfrutaba el derroche de cultura futbolística. Ver a los fanáticos de Noruega remar como sus antepasados vikingos era un espectáculo. Disfrutar los goles y ver jugar a Erling Haaland un derroche. El hombre máquina de los tiempos. El toque final fue comunión en el Olimpo gastronómico: tiernos bocados de dulce de guayaba, en maridaje con trozos del legendario queso de Burgos. Que os aproveche.