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CATARSIS NACIONAL

Era un Martes de firmamento grisáceo. De fuerte sentimiento de atmósfera cargada. Anselmo Paulino Roncones vivía en la calle Moisés García, en las proximidades del Palacio Nacional. Serían las 7:30am cuando Ojo Mágico -vestido con su guayabera de lino blanco, pantalón kaki drill presidente, sombrero Panamá y bastón alusivo a la Esfinge- partió rumbo a Payán de la calle 30 de Marzo. Allí se juntaría con su fiel asistente y amante Claudia Pedralles.

Al llegar allí, ya Claudia estaba sentada esperándole en la barra. Ambos pidieron un Completo y jugo de Granadillo. Nublado y sin brisa los ánimos aspiraban los tiempos. La guerra en Ucrania, frontera Eurasiática, era un switch que potenciaba los bríos de incertidumbre e inseguridad global. El pobre PRD o PRM masculló Anselmo. Siempre sus períodos de poder han estado matizados por ciclos económicos de choques externos. Una vaina querida Claudia susurro Paulino Roncones. Guzmán no bien llegó sopló David sus vientos huracanados destructivos. Luego Federico para rematar junto a los precios deprimidos de nuestras exportaciones y el maldito choque petrolero de aquellos años. Le sucedió el gobierno de Concentración Nacional y su mano limpia.  Con todo el karma de rebatiñas internas a la usanza perredeista y aquél escenario de la década perdida de América Latina. Ni hablar de su tozudez y cerrazón en el arte de gobernar. Hipólito a lo interno con las quiebras bancarias de  “todas las posibilidades” y el torpe manejo de la crisis a la forma repentista, sin medir consecuencias del partido del Jacho prendio. Salvaron hasta los offshore insalvables y los fondos depositados de tesoreros accionistas por demás  con recursos de dudosa procedencia, y hasta se borraron y negociaron préstamos que dé un plumazo dejaron de existir con cargo a la vaca nacional. El gigantesco hoy déficit cuasi fiscal del Central. Ahora este joven lleno de ilusiones y claras buenas intenciones. No bien cede la pandemia del Covid-19 (aparentemente por decreto pues hoy China vuelve a cerrar importantes ciudades por nuevos brotes) cuando azuzan el cataclismo de una posible guerra mundial. El eterno retorno mi adorada Claudia sentencio Anselmo.

Tras desayunar fueron al parque Independencia. Caminar la ciudad era un placer para ambos, a pesar del ruido y la falta de higiene nacional. Ya sentados en aquellos bancos de hierro forjado suspiraban con la vista del Altar de la Patria. No hemos hecho una verdadera catarsis nacional planteó Anselmo Paulino Roncones. Hoy no voy a proseguir con el dictado de mis memorias sentenció. Al ver día por día la prensa de los tiempos he decidido hacer un ejercicio. Una serie de preguntas tontas a la manera de Don Rafael Herrera. Vale más hoy para primera plana las tres declaraciones de un ex presidente con partidito de nuevo cuño loco por volver. Llenas de populismo sobre los precios en el mercado. Y quien no sabe que el fenómeno es mundial pregunta Anselmo. Politiquería como su ex esposa aspirante también. Un hombre de luces, que debería preservarse para el debate nacional y ser nuestro Sanguinetti. O las declaraciones de un tal Paz -desertor con la nave en aguas del triste politburó maldito de la Peste Púrpura- que llegó al escenario público con la misma rapidez que sale. Tú crees esa noticia es de primera plana para un país en medio de una pandemia con escenario de guerra y una inflación mundial galopante. No sea usted pendejo vociferó Anselmo.

La tapa al pomo hoy lo pone el Inacoco. Instituto nacional del Coco, recién aprobado por los diputados. Aparente trascendencia perredeista. Más carga al presupuesto. Más gastos corrientes de nómina. Quizás, mi queridísima Claudia, descubriremos por donde le entra el agua al Coco. Como magno aporte de estos trópicos a la humanidad balbuceaba Anselmo Paulino Roncones. Tras un breve silencio se miraron. La orfandad de árboles en el parque Independencia de hoy les apenaba. Con nostalgia Anselmo recordó la vieja glorieta. Primera estructura de hormigón armado en la ciudad, obra del arquitecto Antonin Nechodoma. De repente Anselmo apesadumbrado le tomó las manos a Claudia Pedralles. Juntos con el rugir de sus palpitaciones se besaron. Claudia le acariciaba los muslos con delicada cadencia al fruncir el kaki drill presidente de Anselmo. Repentinamente Anselmo se paró. Por favor Claudia toma nota de nuestras breves preguntas tontas antes de marchar que casi es mediodía:

1- Qué vamos hacer con la Puta Zarina, la mayor inversión-mafia estatal de todos los tiempos. Hacia donde será el futuro de la energía en RD?

2- Es necesario, sobretodo en estos momentos, reformar la constitución nacional? De verdad es un papel, que se cumple cuando conviene, o la voluntad monolítica de que funcione un régimen de consecuencias real desde el ejemplo caiga quien caiga lo que sellará la importante y vital cruzada contra la corrupción y la impunidad? No es cumplir y hacer cumplir la ley el juramento?

3- Veinte años consecutivos de déficit con corrupción, fiesta de la francachela nacional. Los eternos chupadores y los tontos chupados. Los subsidios, exenciones fiscales, sindicatos, exoneraciones, negocio de combustible o generación eléctrica, incentivo industrial, baja de aranceles a discreción y majestad?

Tantas preguntas tontas imaginables sin respuesta ni cobertura insidiosa en la prensa mi adorada Claudia dijo Anselmo. Ya era el mediodía y la melancolía de un día de lluvia producía hambre. Se dirigieron rumbo a la calle Independencia. En los altos de la farmacia Santa Cruz una valla de Tokischa le sonreía. Salieron del parque bajando por la calle Pina rumbo a casa de Claudia Pedralles. Justo detrás del viejo cementerio de la Independencia, construido en los tristes tiempos de la ocupación haitiana. Subieron a la segunda planta y se sentaron a la mesa. Aspasia Angustia, la muchacha del servicio, les esperaba con un suculento Sancocho. De frente con la vista de los viejos mausoleos Anselmo y Claudia con armonioso apetito disfrutaban su Sancocho de siete carnes y víveres. Acompañado de tiernos trozos de Aguacate y Casabe les produjo una amnesia repentina. Aclimatados sorbo a sorbo Anselmo Paulino Roncones le espetó a Claudia Pedralles una lapidaria sentencia: Es el clima con su sol, cocotales y hamaca.

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