In Reflexión

DESAIRE VISCERAL

Se presume nuestra cancillería habría notificado a Puerto Príncipe, con antelación al comunicado público, la donación de cien mil vacunas AstraZeneca. Hubo la diplomacia haitiana de esperar la comunicación oficial de las autoridades dominicanas a la prensa para proclamar su no acepto. Un desaire oficial a la usanza haitiana de sus élites y dirigentes resentidos. Un gesto de alma ennegrecida de sus clases dominantes y políticas quienes, al igual que su padre de la patria Toussaint Louverture, exhalan desde su poros versos de destrucción y tierra arrasada.

Nuestro Canciller, en un gesto de grandeza más allá del vecino odio y marcando la distancia desde nuestra calidad cultural y moral declaró:» República Dominicana siempre ha querido cooperar con Haití y los hechos lo indican que cuando los gobernantes de la vecina nación lo han permitido, la cooperación se ha hecho presente. Ahora no ha sido así. Haití rechazó el anuncio de la donación de vacunas, y lo ha hecho con fortaleza. Pero eso no debe mellar nuestra atención hacia los haitianos». Con estás simples palabras contestó de forma correcta, y acordé al sentir espiritual de nuestra nación nuestro ministro de relaciones exteriores Dr. Roberto Álvarez.

Hace pocos días ante la real preocupación de la situación actual de la frontera, dado el caos agravado del vecino conglomerado humano, nuestro ministro de la fuerzas armadas realizó unas desafortunadas declaraciones: «La necesidad tiene cara de hereje» proclamó el ministro ante los cuestionamientos de la prensa nacional sobre el tema. El general habló en clara alusión a una realidad del drama humano vecino. Pero totalmente ajeno a su responsabilidad como jefe de los cuerpos armados. Llamados a ser celosos guardianes y centinelas de la frontera por encima de todo. Por supuesto observando los acuerdos fronterizos y apegados al espíritu de nuestras leyes migratorias. Hubo nuestro jefe de estado, en una especie de vocero oficial, declarar e enviar un mensaje contundente a las bandas de delincuentes y mafiosos haitianos que controlan grandes territorios en Haití de que nuestros organismos de inteligencia los tenían identificados. Que no se atreviesen cruzar a tierras dominicanas pues tendrían de frente a nuestras fuerzas armadas.

Mientras en Haití todo cada vez peor. Las autoridades no logran establecer quienes fueron los responsables intelectuales del magnicidio del presidente Jovenel Moïsse. En una especie de Fuenteovejuna cada semana se suman más y más sospechosos. Ningún juez se atreve a tomar el caso. La realidad es que las investigaciones han tomado un camino hacia la nada. Como si fuera poco recientemente sucedió un sismo de altas proporciones con miles de muertos. Miles de desplazados aumentando el dantesco drama humano y las innumerables necesidades básicas de un pobre pueblo triste, desamparado y olvidado por la luz redentora de los dioses del trópico. A todo esto el nuevo primer ministro Ariel Henry trata de administrar la desgracia. Habla de elecciones en noviembre en un país inviable, sin siquiera registro civil para contabilizar sus almas y administrar un certamen electoral. Ya hasta la viuda quiere ser presidente. Unas tierras donde nunca ha sido posible la democracia. Ni siquiera el intento de ella.

Ahora en septiembre habrá de ir nuestro jefe de estado Luis Abinader a la asamblea de las Naciones Unidas y proclamar allí su discurso de rigor. Escenario ideal y necesario para vociferar al mundo lo imperioso de un fideicomiso mundial para administrar Haití por 50 años. Señalar desde el augusto escenario de la ciudad de Nueva York el imperativo de que los países ricos. Los viejos imperios y los nuevos como Francia, Estados Unidos, Canadá y la Unión Europea asuman responsabilidad. Aúnen esfuerzos en una carga que no es ni puede ser solo dominicana. El contrato social regional y la estabilidad de la zona así lo demandan.

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