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EL DESTINO

Tenia tres años que llego a la hispaniola Thomas Hooboken. Vino a trabajar en su tesis doctoral en zoología y botánica por la universidad de Oslo, sobre flora y fauna en este caribe insular y tropical; su incursión por todos los parajes, sierras, ríos , pueblos , arroyos , campos y provincias de toda la geografía bi-nacional lo habían convertido en un experto, una especie de Erik Leonard Ekman de estos tiempos, un profundo conocedor de toda la naturaleza endémica y adaptada en estas tierras de la española.
Oriundo de Noruega, de la ciudad de Sognefjord, en las cercanías de los hermosos fiordos, había logrado una excelente adaptación en esta hermosa isla, localizada en el mismo trayecto del sol; había pues, concluido sus trabajos y era la hora de partir, volver a su terruño continental y continuar su fría vida en aquel país nórdico. Pero el destino, esa sustancia cósmica que transforma, remueve cimientos e enseñorea todo su esplendor; haría su jugada. Tres gratificantes años de contacto con la naturaleza exuberante de estos lares, acariciando desde sus entrañas toda su belleza y riqueza de este microcosmos tropical; una ardua labor científica,con un método cartesiano riguroso, de observar y tomar nota de todo lo que sus ojos y sentidos veían y percibían, marcaron todo su ser. Lo llevaron a confirmar en su alma la positiva decisión de su demandante carrera. La parte vivencial también fue determinante , su corazón se había explayado en estas tierras; Matilde, una morena de corpulenta y sensual contextura, con majestuosos conocimientos en el arte del amor y producir sensaciones y gozos en la cama, en ese lecho terrenal místico que conecta con los dioses, le sembró el placer del hedonismo en todo el mapa de sus entrañas, había hecho de las suyas en su nórdico corazón. Era la hora de partir, pero no podía, sentía el canto maravilloso de las caricias de Matilde desde que despertaba, en cada recuerdo, en cada pensamiento, como dejar y alejarse de ese clímax , de esa diosa del Caribe que lo llevo por tierras insospechadas, vedadas en sus vikingos predios, a beber y sentir la alquimia de las mieles y gemidos que destilan estos cielos isleños . La duda lo corroía , noche tras noche , en la complacencia del contubernio, en la frágil e incisiva astucia de Matilde , su entrega se reafirmaba, su secuestro emocional era un torrente irresistible, pecaminoso , necesario. Matilde lo disfrutaba, gozaba ver al rubito, rendido a sus pies , sentado en el manto misericordioso del mágico poder de su cuerpo, el arte demencial que destilaban sus entrañas al hacer el amor, al conquistar los gemidos de Thomas en la sublime mecanización de sus sutiles movimientos, poderosos, inmensamente poéticos.
El 4 de abril, justo el dia antes de partir, Thomas rompió el código de su amor prohibido, fue, en un arrebato pasional, a despedirse de Matilde, y estaba presente su esposo Maximiliano Leonidas Salinas Molina . Maximiliano era un hombre celoso, sacudio, posesivo y machista. Ya había escuchado del rubio hijo de puta; que hacia fotos , escribía y hablaba de la naturaleza. Le habían llegado chismes, de que veían a su esposa, Matilde, conversando y otras cosas en los matorrales con este extranjero. Al acercarse Thomas a la casa llamo a Matilde, vocifero su necesidad, una especie de inclemente locura lo secuestro; el deseo, la "gana" imperiosa de verla, tocarla, besarla, sentir sus entrañas, frotar el poder de sus sensuales labios no lo dejaba pensar, meditar, parar. Matilde no salia, no contesto; Thomas gritaba de manera desesperada.Maximiliano que observaba desde una mata de mango, justo enfrente fue raudo y veloz a su encuentro, lo miraba con ojos brotados, lleno de ira,impotencia y profundo dolor al ver esta verdad que quería no reconocer . Quien coño es usted blanquito, mascullo Maximiliano; usted es el degenerado que enamora a mi mujer cantándole poesías y hablando de los bosques y los lagos; miserable, hijo de las miserias, mal parido………..Sin medir mas palabras, cual Pablo Vicario, saco su pistola y en un rugido, como si fuese una terapia Freudiana desde un diván , le vació el peine de su Beretta 380 niquelada. 14 tiros llenos de furia y temblor acabaron con la vida de Thomas Hooboken; justo el dia antes de partir a su Noruega natal, con el dios Thor de su mitología esparcida por este cielo tropical.

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