In Cultura

GUERRA DE LAS GALAXIAS

Inspiraba la noticia del vuelo del pequeño helicóptero Ingenuity en Marte. Nunca antes un artefacto había sobrevolado el planeta rojo. Lo cual hacia de este breve viaje, apenas 4 minutos, un hecho histórico. Tal como expresaba MiMi Aung -líder del proyecto Ingenuity- es real, palpable. Jacques Le Bon suspiraba con su tableta al leer los detalles de la noticia. Leía y saboreaba un derretido mixto de cheddar con provolone en pan de agua, cuya crocancia competía con la exaltación de este hecho para la humanidad.

Jacques Le Bon rebobinó la memoria con los hechos. Recordó como flashes aquél día, en el cine Triple del Malecón, que fue espectador por primera vez de la gran saga de George Lucas La Guerra de las Galaxias. Su primer encuentro, desde el séptimo arte, de la eterna lucha entre el bien y el mal. Como hoy sintió aquellos sillones afelpados del Triple, el sonido sublime y estremecedor de la música de John Williams. Los inolvidables efectos especiales junto a los vestuarios y aquellas escenografías. Los magistrales movimientos de la cámara de Lucas en cada toma. La fuerza inspiradora, la metáfora de un campo de energía metafísico y omnipresente que posee un lado luminoso impulsado por la sabiduría, la nobleza y la justicia utilizado por el Jedi y que tanto sentido le hacia hoy a Jacques Le Bon en su concepto de Poder Superior. Y el horror de la contraparte, la otra cara de la moneda del lado oscuro utilizado por los Sith provocado por la ira, el miedo, el odio y la sed de poder.

Jacques Le Bon soñaba. Se veía sobrevolando el Ingenuity – este llegó a Marte en el vientre del explorador Perseverance que aterrizó en el cráter Jezero del planeta Rojo en Febrero – surcando todo aquél mar de arenas rojas junto al espíritu rebelde de Luke Skywalker desde aquella nave Ala-X. Rememoraba aquellas luchas de la Alianza Rebelde contra la estación espacial imperial La Estrella de la Muerte. La soñada conquista del espacio se acariciaba. La búsqueda de nuevos mundos o nuevas zonas de explotación afirmaba. Jacques recordó a Walt Disney junto a Julius Verne al parafrasear: Si lo puedes soñar, lo puedes hacer.

Pensó en Yuval Noah Harari y Karl Popper, ambos con sus sesudos argumentos sobre la sociedad abierta, el exitoso relato liberal y los frutos de la colaboración humana a escala planetaria. Será la fuga geográfica la hermosa posibilidad para los cambios deseados, para la anhelada búsqueda de nuevos estadios de civilización en la convivencia humana se cuestionaba Jacques Le Bon. Mientras desde el click de su celular fue a Youtube y buscó la marcha imperial interpretada por el mismísimo John Williams junto a la filarmónica de Viena. Fue estremecedor el final de sus laberínticos recuerdos.

Share Tweet Pin It +1
Previous PostEL CALLEJÓN DE LOS MILAGROS
Next PostTRÓPICO DE CÁNCER