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LA ISLA AL REVÉS

27 de febrero. El recuerdo esparcido como pólvora del trabucazo de Matías Ramón Mella en la puerta de la Misericordia. Los versos a la patria del prócer Juan Pablo Duarte en cada nube de los cielos, en cada aliento de las piedras porosas del Baluarte con aroma a Trinitarias. Pablo de Tarso Pimentel buscaba el descanso de un sueño placentero. Estos días de la Independencia tan extraños fruto de la pandemia, sin carnaval ni la vocinglería aérea militar en los desfiles, evocaban un silencio forzado de la ciudad no común en estos predios en tiempos de fechas patrias. El poder del virus global se enseñoreaba también en Febrero desde el silente confinamiento y otras tristes máscaras.

Torció con delicadeza el cubrecama y la sabana para adentrarse a ese santuario tan humano con aroma cósmico llamado cama. Pablo de Tarso Pimentel ya horizontal desde las caricias de varias almohadas miró hacia su mesa de noche y prendió su lámpara. Había decidido releer la obra La Isla Al Revés del Dr. Joaquin Balaguer. Su motivación era el voicenote escuchó en el chat La Cuestión Haitiana, reenviado por el Dr. Iñigo Montoya insigne filósofo escoses de origen español, donde el periodista Álvaro Locario Adames III vociferaba arengas a los poderes y las fuerzas militares para iniciar una invasión dominicana hacia Haití. La voz del periodista Álvaro Locario era un cortocircuito cerebral que competía con sus juicios de aquél terrible estado fallido. Su deseo desde su perspectiva diplomática de provocar un fideicomiso allí por cien años para mínimamente organizar aquél conglomerado humano en desorden permanente, caos y miserias.

Breves segundos y el constante chirrido del aire acondicionado evocaron la calma. Pensó en Carrier, quien inventó el aire acondicionado, y masculló ese hombre debería tener una estatua también en el templo del 27 de Febrero. La página 15 de la Isla al Revés desde el timbre inigualable del estadista y tribuno Dr.Balaguer, evocaba muros de realidad por toda la habitación: «La independencia política de Haití nació obviamente unida a un ideal imperialista: la unión de las dos partes de la isla bajo la bandera haitiana. Aunque ese sueño expansionista sólo subsiste en la imaginación de una pequeña élite del país vecino, encariñada todavía con la idea de Toussaint Louverture sobre la fusión política de las dos naciones, la situación de ambos pueblos ha sufrido cambios tan fundamentales en los últimos 100 años, que hoy día se impone una revisión de estas relaciones para que las mismas se desenvuelvan sobre las bases de un nuevo concepto de su vecindad y de una concepción diferente de su destino histórico.»

Lo contundente de las palabras del Dr.Balaguer provocaron el sueño inmediato a Pablo de Tarso Pimentel. Morfeo desde los silentes cielos del Serrallés provocaba y promovía  el descanso. Tras generosos ronquidos de repente el chirrido del dial de una emisora recreaba como pesadillas las palabras del periodista Álvaro Locario Adames III. Tanques de guerra, drones con cañones y millares de Pedros Santanas vociferan machete carajo al pasar el Masacre de Prestol. La tesis de Balaguer de la isla al revés desde un tablero militar tomaba las cortezas cerebrales desde el sueño con una invasión dominicana a Haití. En un lapsus de cordura de sueños recordó las palabras de Doña Lourdes y Don José Israel Cuello en el Hoy de hoy: » Hoy, la viabilidad de nuestra Nación como estado independiente nos obliga a reconocer a los patriotas que encabezaron nuestra Independencia en 1844, cuyo paso por la vida pública lo marcó el deber y no la ambición, la entrega y no la rapiña, el sacrificio y no el lucro en el desempeño de las obligaciones asumidas. Así, entre caídas y resurrecciones, nuestros mejores hombres nunca han podido completar sus propósitos: lo efímero se repite desde Nuñez de Cáceres en Espaillat, en Billini y en Bosch.»

Pablo de Tarso Pimentel despertó. Como evaluación de sueños desde la vida misma con luz y oscuridad inició un rápido inventario a todo aquello. La sangre y la locura de guerras e invasiones. La tesis de la isla al revés ante el serio desafío y amenaza a nuestra estabilidad  del acumulado subdesarrollo de Haití. Lo efímero de nuestro indiscutible desarrollo en el contraste de nuestras instituciones y el caudillismo mesiánico que se impone de facto en contraposición a los valores y el perfume del prócer desde la deshonestidad sin ego histórico tal como apuntaban los Cuello.

Tras cepillarse se dirigió al balcón para auscultar el día. Pablo de Tarso Pimentel repitió con su tocayo apóstol desde sus íntimos trópicos: «Es la fe de la firme seguridad de lo que esperamos, la convicción de lo que no vemos.» Se sentó a desayunar. Unas tiernas tostadas de pan Lumijor integral con pasas untadas con mantequilla Asturiana, puños de nueces y un amoroso toque de miel con trufas blancas fue un coito gastronómico. La certeza desde un presente repleto de sentidos. El paladar con la crocancia de cada bocado bañados en gloria que aspiran a un mejor mañana.

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