In Poesía

MAÑANA SAGRADA

Pero a nosotros corresponde, bajo
las tormentas de dios,
¡Oh poetas! permanecer con la cabeza
descubierta,
y el rayo del padre, a él mismo, con
mano firme
Asir y, envuelto en el canto,
tender al pueblo el don
celestial.
(versos Himno Germania Friedrich Hölderlin)

Sin campanas ni soluciones químicas para el pecho. Desprovistos ya de la evasión como método terapéutico, viajaban en busca de tierras sagradas. Era junio y se sentía en todo el Mirador. Los Framboyánes exuberantes les caían sus llamativas flores rojas, anaranjadas y perfumaban todo el pavimento del paseo del parque. Sus follajes verdes brillantes eran míticos, y producían un fulgurante gozo espiritual a todo caminante. Todo conspiraba a favor de los iniciados. Un escenario panteísta. Un deseo imperecedero de unidad e armonía del ser resplandecía junto a la magnificencia de la naturaleza.

Desde el mítico celular, símbolo de los tiempos, el filósofo JR Lomba compartía sus reflexiones matutinas con Jacques le Bon. Ya era rutina de Lomba salir del gimnasio e ir al Mirador a concluir su jornada con 5K por dentro del parque. Desde el Whatsapp en video llamada, conversaban con la mirada puesta en el sendero del pulmón de la ciudad. Una sinfonía de pajaritos, las pisadas de JR Lomba al frotar las flores caídas en el pavimento era un escenario de dioses. Una búsqueda metafísica que se ha perdido, y que todo alumno busca, anhela y añora.

En una sociedad carente de mitos y repleta de exponentes urbanos. Derruida por la ausencia de poetas tras la verdad última del ser. Lomba y le Bon conversaban como alumnos en la construcción de versos. En la consolidación de la ciudad de Dios en estos trópicos íntimos. Como Hölderlin, tras su reclusión con aquél ebanista Zimmer, el filósofo JR Lomba y Jacques le Bon en trance de «locura de gozo» vivían una plenitud poética marcada por la libertad y la búsqueda insaciable  de la  íntima verdad. Como necesidad de recuperar una armonía entre el ser y la naturaleza. El Dios en todo y toda las cosas animaba. Rimaba cánticos celestiales en los sarcófagos del alma.

Como una metáfora. Toda una vida en una caminata. La verdad del ser es la poesía. La iluminación de ese ser es la poesía. Jacques le Bon vivía desde el celular en su microcosmo de Villacon cada paso. Cada respiración de JR Lomba en comunión con la naturaleza. El mito de Balaguer como desarrollador fluía junto al maduro palpitar del parque. Lugar místico. Paraíso de dioses tropicales para preguntarse y encontrarse. Como náufragos que sobrevivieron conversaban hasta desde el silencio los propósitos íntimos de existir. Con sed y anhelo de crecer palpitaban junto a una enorme caja de herramientas espirituales. Como el poeta germano de Wurtemberg, andaban en un momento sin rumbo mientras hablaban con ellos mismos. Siendo uno con el todo que es la vida. Es la vida de la divinidad, es el cielo del ser humano. Desde el momento; ráfagas de infinito por el camino.

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