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REPÚBLICA MEDUSA

Decapitada por Perseo, el terror de poder ser convertido en piedra por Medusa se desvaneció. Inmortal como la corrupción nacional, Medusa desde su brillo transparente junto a sus delgados tejidos yacía desde los sueños. Agonizaba al procurar aliento en rocosos arrecifes preñados de salinidad. Como flashes de un imaginario colectivo desde Ovando, pasando por Santana, Baéz, Lilís, el santo varón Trujillo, hasta nuestro días Jacques le Bon pasaba fotografías desde la tableta de su hipotálamo. Suspiraba esperanza al divisar tenues gotas de rocío en los ventanales al abrir sus ojos. Los mundos marítimos judiciales acariciaban la posibilidad. Tocaban el parnaso mítico de la decencia en el ostracismo de siempre, y machacada tan reciente entre Tucanos y vergonzosas zambas brasileiras. Más circo o la eterna posibilidad se preguntaba Jacques le Bon al bostezar e incorporarse a su día al levantarse.

Lluvia con calor matizaba el momento en una veraniega mañana de julio. Con apetito, incorporado en cuerpo y alma a la mesa degustaba unos huevos rotos. Pequeñas papas de la noche anterior troceadas, ajo, cebolla blanca, lascas de jamón de York el Cid extra, un huevo escalfado con caricias de verduritas era un éxtasis matinal. Pequeñas tajadas de oro verde aportaban ternura y el cielo estrellado al plato. Con sabor Jacques le Bon leía la prensa. Recordaba días atrás el uso de las delaciones, a la usanza sajona, en este expediente mitológico. Ingenieros educados en la Compañía de Jesús que participaron del entramado «comisionable». Damas como posibles palo blanco (de la misma estirpe que el hoy apagado caso de Hacienda) de sospechosos habituales, en contubernio con cambista de la sultana del Este. Al otro día, los nombramientos en el voluntariado del siquiátrico de la ciudad primada de América por las actuales autoridades era un primor, recordaba Jacques al fruncir la prensa. Ahh los de «arriba» suspiraba Jacques le Bon con la mirada imaginaria puesta en el despacho contiguo del presidente.

Entre mitológicos pulpos, y medusas exprimidas por la delación de «socios», Jacques le Bon observaba el mundo desde los cielos del Serrallés. Tiroteos en Dinamarca, increíble siendo símbolo del bienestar. Otro tiroteo de violencia en el coloso del norte, ahora en Chicago un 4 de Julio. La violenta forma de imponer la nueva agenda de géneros global. La profunda crisis de la familia, el estado y la propiedad privada. La decadencia imperial a las puertas de una profunda secesión y posible guerra civil. El aparente agotamiento del capitalismo. Del liberalismo económico y su sociedad abierta que tanto progreso a derramado a la humanidad, a pesar de sus deficiencias en lo absoluto y consecuentes frustraciones. El posible advenimiento de un nuevo orden mundial, sin los estandartes de democracia ni libertades de la sociedad abierta de la post guerra -magistralmente concepetualizada por Karl Popper- desde la milenaria China con ansias de dominio e imperio. Jacques le Bon respiraba. Que época vociferó. Cuantos retos. Cuantos cambios para la humanidad. Tras sorbos de agua miró el techo. Estamos mal pero vamos bien. Tanta disrupción puede ser un renacimiento sin aparentes fondos ya que tocar. La entrada triunfal de la humanidad a una nueva era. Un nuevo estadio de evolución y fraternidad para la especie.

Llegada la hora Jacques le Bon tomó los últimos sorbos del café antes de partir a Villacon. Las imágenes diluidas del grupo alquimista de el jefe de estado, la procuradora y sus sanchos trazaban un poema húmedo en el fondo de la taza. Era Julio del 2022. Faltaban 822 años para los mil años de la República. Aún a la espera de 822 años más de recorridos históricos, de los inmutables ensayo-error. Ocho siglos más para alcanzar la necesaria madurez. La paciencia. La evolución requerida para la exaltación del alma colectiva del ethos nacional. Los mil años de vida republicana en estos trópicos del Caribe para acceder a la verdadera grandeza. A los dorados escenarios de una real y exhultante sociedad de pleno desarrollo. Al profundo y poderoso aroma de los vestigios de la anhelada civilización.

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