Jacques Le Bon, un investigador apasionado por los misterios del cielo, decidió acampar en Valle Nuevo durante una fría noche de invierno. Mientras ajustaba su telescopio bajo el impresionante manto de estrellas, una densa neblina comenzó a descender inusualmente rápido, cubriendo los solitarios páramos montañosos de la República Dominicana.
De pronto, un intenso resplandor ámbar atravesó la espesura de la niebla. Una nave de forma discoidal, con un leve zumbido que hacía vibrar el suelo, se posicionó silenciosamente sobre un prado de sabinas y palos de cruces. Jacques, conteniendo la respiración, observó cómo el objeto proyectaba un haz de luz cónico directamente hacia el suelo rocoso. Durante varios minutos, el vehículo permaneció estático en el aire, desafiando las leyes de la física conocida.
El explorador tomó su libreta para documentar el evento, sintiendo una profunda mezcla de asombro y desconcierto; el aire a su alrededor se tornó ligeramente cálido y el viento cesó por completo, creando una atmósfera de otro mundo. Jacques le Bon desplegó su celular para filmar, pero misteriosamente no funcionaba. Una especie de campo magnético del más allá frisaba todo, hasta su aliento y pensamientos. Solo pudo arrodillarse, postrarse como un espectador del magno evento.
Desconcertado, perplejo por la ignorancia Jacques le Bon buscaba en sus entrañas espirituales el lenguaje de la telepatía. La posibilidad de comunicarse con los tripulantes de la nave de extraterrestres que aterrizaban en la inmediaciones de las pirámides de Valle Nuevo. Absorto por la maravilla resplandeciente ante sus ojos. Jacques le Bon buscaba propósito. Trascendencia ante los espectaculares acontecimientos.
La locura del mundo. Ni el Mandarín Xi, y mucho menos el Trompo Gotti tramposo podrían proveer soluciones al caos actual. Otras inteligencias de otras galaxias venían como enviados de nuestro Dios del universo para redimirnos. Salvarnos de nuestra pobre pequeñez y eterna adicción por la caída. Cabizbajo Jacques le Bon aguardaba la apertura de la rampa de la nave. La llegada del Ovni embajador como enviado del Dios en todo y todas las cosas, con su mensaje para la humanidad. Desde el aquí y ahora, recordó su escuela espiritual. La posibilidad de interpretar el porqué y para qué estaba allí.
Desplegada la puerta de la nave avistó al Ovni Canciller con una capa de monje descendiendo por la plataforma. Un aura morada con mucho brillo le acompañaba. Jacques le Bon se paró y camino hacia el encuentro. Se acercó con fe, fortaleza y esperanza. Acogió el llamado y se montó en la nave como un encuentro cercano. Nada era peor que la realidad. Un combustible de salvación le empujaba. Desplegados los sentidos y el lenguaje del corazón. Jacques le Bon era un soldado de la especie. Un alumno en busca de las respuestas del tercer milenio.Volveré era el sentimiento de Jacques le Bon mientras se acomodaba en la nave rumbo a ignotas tierras.