In Cultura

EN MODO RULAY

Tiempos recios. Un mundo en caos era la constante en el devenir de los acontecimientos. Vivir en modo alerta era lo permanente. Lo necesario para fluir al ritmo mágico de los tiempos. No para el caos desde la pandemia mascullaba Jacques le Bon. No cesa el modo disrupción y la confrontación en este nuevo mundo tripolar. Guerra fría y guerra caliente. Carnicería y genocidio como el de Gaza. Un holocausto inverso de fuerzas centrífugas sionistas. Los viejos buenos de la libertad y la democracia son los malos hoy. La mesura y la promoción del diálogo por la paz está del otro lado. Los regímenes totalitarios son el ejemplo pues, nos modelan su exitoso sistema híbrido de mano dura con economía de mercado. Adiós a la globalización como la soñamos susurraba Jacques le Bon.

Prensa en mano Jacques le Bon desayunaba previo a sus habituales faenas comerciales. Un sentimiento de que el mundo se podía acabar le provocaba un mayor deleite de las comidas. Pedazos de lechoza tropical, un puño de nueces con cramberries, dos jugosas ciruelas Sunsweet con poco de arándanos y frambuesas fue su entrada. Una tortilla de un huevo con queso parmesano, jamón el Cid extra, pimienta, sal marina hecha en oliva Dececco fue su segundo plato entre sorbos de un aromático café Monte Real con leche asturiana. Disfrutaba desayunar. Salir del ayuno para encarar el día con energía y determinación era más que simbólico. Un mandato de la especie que Jacques le Bon cultivaba con gusto y enorme placer desde siempre.

La prensa era un primor. La deuda pública pasó de 4 mil a 87 mil melones de los verdes en apenas 20 años. Por lo menos la mitad se esfumó en robos, subsidios, viáticos, pensiones y demás diabluras o genialidades sistémicas tropicales para succionar la teta de la vaca nacional. A propósito de un escenario de inminente reforma fiscal, para los pendejos de Uslar Pietri del Caribe. La reanudación del conflicto en Medio Oriente, que junto a Ucrania es en el fondo parte de un todo y lo mismo. Una guerra, en medio del poder y el control en tiempos de la nueva era global de la IA. Ante el caos, en medio del desierto Jacques le Bon recordaba a León XIV con su reciente encíclica: desarmar la inteligencia artificial, liberándola de lógica de dominio, exclusión y muerte, y exigiendo que se rija por la ética y sirva al bien común en lugar de controlar a la humanidad.

León XIV se erigía como líder espiritual del alicaído Occidente. Sus palabras en España resonaban con majestad por los tímpanos de Jacques le Bon: hacia una llamada a abandonar la polarización y apostar por la cultura del encuentro, promoviendo la unidad, la fraternidad y la dignidad en temas claves como la familia, la justicia social y la acogida de migrantes. Las migraciones repetía Jacques le Bon. El cabo suelto de la globalización. El norte y el llamado hoy Sur Global con sus iniquidades galopantes, hoy exhibidas hasta la saciedad por las redes sociales. El malestar, aunque estemos mejor. Todo se derrumbó. Todo cambió pensaba Jacques le Bon junto a la fotografía del ministro de guerra imperial lleno de tatuajes allá en Cuba. Proclamando arengas de poder sionistas evangélicas a las tropas, en espera de la última palabra del hombre del garrote. El nuevo Monroe con su corolario filibustero y bucanero. Haití bien gracias sopesaba Jacques le Bon.

Ya rumbo a Villacon, Jacques le Bon escuchaba a Pat Metheny Group desde su vehículo. Se desplazaba por la Kennedy con el aroma de la mañana, y el rugir de ejércitos de dominicanos rumbo a sus labores. En uno de los elevados paso un tiguere a mil en su motor calibrando. Hace tiempo no veía brigadas de la digesett parando motoristas que subían a los elevados ilegalmente. Poco antes, en la Kennedy con Tiradentes con el semáforo en rojo, varios motoristas arrancaron ante la mirada inmutable de dos agentes de la Amet ahí parados. Nada pasa. Aquí no pasa nada decía Jacques le Bon. Todo es un producto. Una realidad donde la causa mayor era el clima. La Hamaca emocional nacional como sentenció el gran sociólogo nacional Dr. Moscoso Puello.

Vacunado ante el desorden y la realidad, Jacques le Bon buscaba el vaso medio lleno. La ruta de la seda y la invasión del comercio chino, la perenne injusticia de la justicia, los juicios por corrupción y como el poder del clima los diluía en el tiempo. Jacques le Bon y sus ancestros habían persistido, por la gracia de Dios y Tatica, en el tiempo desde el comercio.

Fluían día por día dándole al clavo con el martillo desde Trujillo el cuatrero, Bosch y la revolución, el triunviro y sus siete vidas, la reconstrucción sospechosa, el contrabando y los guardias de Balaguer, el PRD siendo PRD con sus exoneraciones a la salida, el Balaguer reformador junto a los vientos de la aldea global, Hipólito, la peste púrpura, múltiples ciclones algunas pandemias y ahora el nuevo PRD. Aquí no pasa nada, la vida en el trópico era buena y sabrosa. En modo rulay se autoproclamaba Jacques le Bon mientras observaba al tiguere calibrando en pleno elevado, junto a la nota de las alturas y la ráfaga bendita de los azules cielos caribeños.

Share Tweet Pin It
Previous PostMETAFÍSICA DEL DESPERTAR