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AMANECER

Soy la voz que clama en mis desiertos, toda nueva conquista acrecienta mas la sed en la fuente de mi alma. Perdí el rumbo anoche, volvió a surgir la locura en una árida noche en los tristes cañaverales de Yaguate; muchas preguntas, el dolor sórdido de saber la aparición de Mr. Hide nuevamente en mi vida opaco la genuina belleza de este amanecer. Dulcinea dormía, desnuda bajo el sol se iluminaba toda la exuberancia generosa de su hermoso cuerpo, en una noche de excesos fuimos encueros y sórdidos de buen juicio a danzar en los cañaverales al dios de la mitología caribeña, a sacudirnos en trances y viajes cósmicos del pesaroso y odioso sabor del cotidiano subdesarrollo; a vivir el pisar descalzos los restos de caña, el pullar incesante de los bichos y la bruma de la luna, densa y faro para estas noches repletas de melancolía y la hermosa posibilidad de huir, escapar por un instante de la verdad macondiana. Horas de faenas sexuales, dolor y callosidades de la abrupta vegetación contrastaban con los cincos luminosos viajes a Hollywood, el derrame sublime de todos los manantiales en esta locura sin igual; el sol ya me mortificaba, otra vez en esta mística y triste experiencia donde ese otro yo, ese misterioso Hide que apuntaba Stevenson, secuestraba mi ser y me llevaba por montañas y parajes a sabotear mi anhelada paz, mi calma, mi tranquilidad. Que sentimiento de marioneta se mueve por toda mi cabeza, soñar con sueños, sentir la madera que señalo Shakespeare en la infinita posibilidad de todos mis mágicos laberintos, quizás un generoso sueño reprimido Freudiano, con Pink Floyd de fondo, acariciando las mágicas flores de los cañaverales en el lúdico sentir de escuchar learning to fly, en la oscuridad de anoche, en la luz radiante de hoy.

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