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DRAKE EN SANTO DOMINGO

Una bruma sospechosa se posaba en toda la rivera del Ozama. Barcos enemigos atemorizaban a las autoridades y a la escasa población. La primera reacción fue hundir dos viejos cascos de barcos atascados en el puerto, para impedir que entrasen y atracaran en la ciudad. Al otro día las naves enemigas elevaron anclas, y se marcharon. La esperanza fue corta. Mensajeros trajeron noticias de que surcaban el matadero, que su lengua era el inglés  y se disponían desembarcar en lo que hoy es Haina, a pocos kilómetros de la ciudad. La noticia corrió como pólvora. La mayoría de las 500 familias huyeron hacia comunidades contiguas como Peralvillo, Guanuma y otras. Con sus joyas, dinero y pertenencias que les fueron posibles llevar. El propio presidente de la Real Audiencia y capitán general de la isla Don Cristóbal de Ovalle se dio a la fuga.

Al llegar los casi 600 hombres ingleses, bajo el mando de Sir Francis Drake desde Haina, tuvieron poquísima resistencia. Drake tomó la ciudad. Instaló su cuartel general en la Catedral Primada de América. Dominó totalmente la fortaleza Ozama con una leve escaramuza, e inicio su implacable saqueo y cacería. El primer anuncio del pirata al servicio de su majestad, fue pedir 250,000 ducados para liberar la ciudad. Drake deliraba con la vieja gloria y riquezas de la Española. Ignoraba las profundas raíces de miseria y el olvido de España a estas tierras, pasadas a tercer plano tras las conquistas continentales de México, Perú y Cuba: la isla fascinante. Drake amenazó con quemar una manzana por cada día que pasara sin cobrar. Así prendió fuego a casi un tercio de la ciudad. Destruyó y saqueo iglesias como las de Santa Bárbara, de la Merced, Regina, San Francisco y Santa Clara. Incluyendo la destrucción del archivo más valioso de todas las Indias. Luego de instaurar su cuartel en la catedral, robarlo todo y festejar con todas las provisiones encontradas en la ciudad a sus anchas, profano el cementerio contiguo a la primada de América, localizado allí en esos tiempos. Desenterrando cadáveres buscando dientes de oro y joyas. Un pirata en toda su magnitud, un tártaro vil y cruel. Un embajador Británico a la vieja usanza barbara e imperial.

Algunos vecinos, imposibilitados de marchar o dispuestos a bregar por sus predios y colonia plantaron cara y buscaron solución. Un mes duró la invasión, el atropello, el latrocinio burdo y descarado de estos corsarios ingleses en nombre de la Pérfida Albión. Vecinos bajo el liderazgo de García Fernández de Torquemada decidieron realizar negociaciones con los invasores. En un trago amargo de una realidad maldita, luego de múltiples encuentros infructuosos llegan a un acuerdo con Drake. En una especie de serrucho de toda la comunidad, en los frentes de la actual Casa del Cordón, peregrinaron todas las almas con sus joyas y prendas, con dinero y monedas. Para pesar en unas balanzas ex profeso instaladas , hasta llegar a la suma de 25,000 ducados. Suma pautada y convenida para que las hordas invasoras de Francis Drake abandonaran la isla. Con el sinsabor del que da lo que tiene; que lo da todo. Con la burla sajona de llevar la impotencia de las gentes en sus manos. Con las escasas riquezas, todo el sudor y la dignidad de todo el ethos de Santo Domingo. Olvidadas a sus anchas por la metrópoli, partía Sir Francis Drake rumbo a Cartagena de Indias para la gloria imperial. A proseguir con su burdo oficio, que tanto aportó a la grandeza y riqueza del imperio Británico. Al bicho y la necesidad del génesis de la revolución industrial. 400 años después, recordamos nuestra historia. La historia del Caribe. Que es la historia de la expansión de las potencias. La zapata de la globalización y el exitoso relato mercantilista liberal.

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