In Cultura

ECLESIASTÉS 12: 8-14

LA VANIDAD

«La vanidad muere en dificultad.

En algunos casos obstinados, sobrevive al hombre.»

Robert Louis Stevenson

 

Vanidad de vanidades, sometidos a procesos bio-sicosociales de presión social, el homos que habita la metrópoli del Santo domingo de este siglo XXI, está indefenso, secuestrado, absorto de individualidad para evaluar, sopesar y enfrentar su realidad. ¿Dónde están sus limitaciones y cuál es su real capacidad socioeconómica? Hasta dónde puede jugar el juego social, de tener, de enseñorear más allá de sus posibilidades y caer víctima de la red tramposa de ser virtual; de aparentar más de lo que se es, brillar en el escenario de la sociedad con luces y matices de renombre mucho más allá de sus posibilidades, aparentando un ser a costa de lo más valioso y preciado de la especie, su alma, su paz, la serenidad, la verdad.

Las limitaciones de las mayorías de un conglomerado lleno de ignorancia, exaltan a categoría de estado el ‘tanto tienes, tanto vales’, dime qué marca y nivel de consumo exhibes y sabremos tu valía, tu valor de ciudadano. Nuestras fragilidades institucionales, la carencia de liderazgo a nivel público y privado, la pobreza de nuestros supuestos personajes icónicos, que en muchos de los casos son contramensajes; la principalía de los exitosos y encumbrados del poder y la gloria del poder económico, llevados a categoría de modelos a seguir con más sombras que luces reales, nos ponen al desnudo la fragilidad de nuestra sociedad, la falta de madurez y adultez cívica, la enorme carencia de una cultura cívica y moral que fomente la educación de los reales valores y principios que rigen una sociedad.

El hambre física y moral de nuestras mayorías, son un reflejo de nuestra realidad, una fotografía de la falta de materia gris del alma, esa sustancia cósmica, que eleva los hombres sobre el vulgo, y los lleva a categoría de dioses, capaces de cabalgar sobre el fango ignominioso de la diatriba y la inconducta, y, lanza en ristre, asumir los valores, los principios, la hidalguía de realizar lo correcto por los correctos principios y motivaciones; coquetear con las nubes  y enarbolar cartelones de los principios, valores, derechos y virtudes que dan forma y sentido a la vida gregaria, en convivencia, todos juntos, uno para el otro.

El fiao, el instinto bajo de enrostrar al vecino mi progreso inflado, la avaricia del Ego que secuestra el buen tino, embrutece y nos miente al decirnos que soy más, soy superior por ser un Jeepetócrata, un potentado, más caudaloso que el Potomac a orillas del poder imperial, lo perverso de la vanidad, cuando secuestra, es que, como Saturno, devora a sus hijos, y tal como se ve en la fotografía de lo acontecido en esta semana, los líos y barullos económicos llevan al ser a conectar con la barbarie; el instinto animal, básico, primario, a sellar el canal de la sublime inteligencia, y mata y se mata, pone fin a la existencia, produciendo una estela de dolor en el tejido social…

Un gran tema para meditar, seguro es que para aceptar y promover transformaciones hay que tocar fondo, y a nuestro humilde olfato nos llegan olores a raíz y tierra del conglomerado social dominicano.

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