In Reflexión

EL INVENTARIO

El ruido del permanente ensayo error. La infinita imposibilidad de practicar la vida misma. El ego enérgicamente planetario e humano en cada gesto, en cada aliento y pulsación del ser. Parar, pensar y meditar. Hacer un alto y determinar lo que hay, cual comerciante que evalúa la existencia. Un inventario de actitudes, respuestas y reacciones ante los eventos y constantes intercambios de la vida. Una valoración con visos de autocrítica de los reales péndulos y flujos del alma humana.

Muchos de los que por necesidad imperiosa han hecho del inventario un hábito. Un deseo sincero de hacer un alto, para evaluar el ser en toda su humana dimensión. Han encontrado en esta posible y valiosa herramienta la hermosa posibilidad de trascender y lograr lo potable en la mejora constante del sentir y la convivencia humana.

Aquellos afortunados, que tras el mágico sabor de la derrota, se han sentado a meditar su ser. Dispuestos a hacer su autocrítica, como hoja de vida, como ábaco de realidad, para determinar sus loables fortalezas y profundas debilidades. Que se preguntan que pueden cambiar y que  piden la sabiduría para aceptar lo que por si mismos no pueden cambiar. El valor para  impregnar esfuerzos sinceros y procurar el hermoso cambio. La necesidad amorosa de una evolución positiva y eternamente posible.

Método y ensayo. Valor y disposición. Fe y aceptación del resultado. La llave de la buena voluntad. Combustible fértil donde la verdad no es buena ni mala, lo que no tiene es remedio. El inventario para poner sobre la mesa mi vida, mi verdad. Camino hermoso donde emociones, sentimientos, miedos, dolor, confusión, alegrías, logros, metas, retos, mejoras, belleza, luz, oscuridad se ponen en lápiz y papel. Con nombres y cuantificable para sumar y restar, dividir y multiplicar. Un año no es nada sin lo sucedido y el proceso de vivir en él. Un año pudiese ser una pálida cifra sin el latir y el rugir apacible de la aventura de vivir. Yo vivo un día a la vez, realmente. Es lo único que tengo. Yo que me he aceptado un humano total y por tanto lleno de virtudes, retos y defectos. Yo que me he visto en la hermosa necesidad de recurrir a herramientas para entender y adquirir sabiduría en el arte de vivir. Declaro el inmenso valor de realizar inventarios. Someterme al rigor científico de un método de activos y pasivos minucioso y honesto conmigo mismo. Como posibilidad de acallar el ser autómata y con ínfulas de autosuficiencia, como escenario portentoso de morar a la diestra del arquitecto supremo del universo, en procura de su ayuda y fuente de sabiduría.

Ubicarme en mi real lugar del mapa. El inventario que humaniza y aterriza. Permite entender y comprender el porqué y para qué, sentir vida con propósito. Abrir las puertas del cambio de par en par, con su legendaria segregación de humildad, y humanidad al someterme al auto escrutinio. Un alto con poder y majestad. Donde estoy y hacia donde voy. Rigor y detalle. La posibilidad de entender, enfrentar la terquedad. Dar y amar, corregir, reforzar. Establecer y determinar. El inventario luz hermosa, ejercicio de comprensión de la psique, la niñez y el entramado de las emociones y sentimientos. La química científica de los fluidos cerebrales repletos de ser y electricidad. Escritura reveladora para surcar y sentir. Crecer y vivir en gratitud en el otrora ignoto país de mi verdad. Preguntar junto a Obermann: que es mi verdad?…… para el universo nada; para mi todo.

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