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EXTRAÑA BELLEZA

Un abrazo y un cigarrillo fue lo último que le pidió a su pareja. Padecía cirrosis, diabetes y habría vuelto a beber a escondidas. Henrietta Moraes fue una extraña belleza. Una musa para el oscuro pintor Francis Bacon. Un instrumento de creación para las profundidades llenas de violencia en el arte de Bacon. Una mancha humana que atrae y seduce. Un amuleto artístico que, desde la caída con aroma a óxido de nuestra condición, produce chirridos de encanto con pasión en el alma.

Serían las 7:17am. Jacques le Bon transitaba el elevado de la Kennedy con Ortega y Gasset rumbo a su jornada laboral en el populoso Villacon. La mañana era de un clima caga dudas, un combate entre nuboso o soleado. Con el transito de escenario, Jacques le Bon proseguía dándole play a su mente poblada de recientes noticias. El artículo en el The Wall Street Journal sobre la próxima subasta del MoMa era protagonista. La puesta en venta por parte del legendario museo de importantes obras como: Tres estudios para el retrato de Henrietta Moraes de Francis Bacon y Guitarra sobre una mesa de Pablo Picasso provocaba. Eran revelador de los cambios tras la pandemia para los grandes museos de arte del mundo. El MoMA declaraba a la prensa que buscaba monetizar. Tenían planes para lanzar un canal propio de streaming y, mejorar la colección de arte digital. En la estrategia del MoMA está, con el dinero obtenido por las ventas en Sothebys Londres, sumarse a la incierta revolución de los NFT. Jacques le Bon recordó que los NFT son un bien fungible. Aquél que no consume con su uso, que no puede ser remplazado y que no es sustituible. Criptoarte susurraba Jacques lleno de ignorancia al ritmo mágico de los tiempos.

La colección se subastará pertenecía a William Paley fundador de CBS. El precio inicial para la puja de USD 35 millones de dólares por el tríptico retrato de Henrietta Moraes por Francis Bacon llamó poderosamente la atención a Jacques le Bon. La paradoja del mercado con el triste célebre final de Henrietta Moraes le provocaba. Tal como declaró su pareja en su final: «Ella, sin embargo, apenas tenía un perro fiel cuando murió, a los 67 años, en su pequeña habitación de Chelsea. Sus ojos eran tan profundos. Miraban directamente a mi alma, expandiendo la suya al mismo tiempo sin engaño, sin máscara.» En la década de 1960 Henrietta Moraes cambió el ambiente artístico por la comunidad hippie y partió en caravana a Gales.

En la necrología publicada sobre Henrietta Moraes en The Guardian, el crítico Tim Hilton escribió: «Henrietta era malhablada, amoral, ladrona, alcohólica, violenta y drogadicta. Y sin embargo era ingeniosa, cálida y adorable. Su presencia en cualquier habitación te decía de inmediato que la vida es más emocionante de lo que los tipos aburridos como nosotros imaginamos.» Henrietta Moraes «La Reina del Soho» era una modelo que, inspiraba más por su personalidad que por su aspecto a grandes pintores. Sin poder parar, el charming de todo su ruido humano junto a su enjambre de dolor hasta el final. El enseñoramiento de sus carencias y miserias producían un dorado cromático. Una ilusión de la vida en sus términos a toda alma expectante frente al poder de su arte.

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