Muchos siglos después, Anselmo Paulino Roncones recitaba las odas del poeta latino Quinto Horacio Flaco. Así como volvían de moda los imperios en vez de repúblicas, tal cual los tiempos de Horacio. Nuestros tiempos hacían de la frase carpe diem, un santuario inmarcesible al hedonismo. El gozo como categoría máxima al propósito de vivir. De alguna manera Anselmo Paulino Roncones volvía, como el cántaro a la fuente, a reencontrarse con la gran triada de los poetas latinos: Virgilio, Horacio y Ovidio.









