In Reflexión

PULSIÓN HUMANA

Un impulso psíquico global. Un estado de tensión e insatisfacción se esparce por todo el mundo. Una bruma densa repleta de oscurantismos arropa la humanidad. Nunca estuvimos mejor, nunca se genero tantas riquezas en tan poco tiempo. Sin embargo la fotografía de los últimos acontecimientos en las protestas en Francia (país símbolo), potencia económica cuna de la gran revolución burguesa y de la libertad, son un sentimiento mundial, pulsiones de muerte del gran colectivo humano.
Lebenstriebe acuño Sigmund Freud. A esas pulsiones de vida y pulsiones de muerte en su gran obra: Más allá del Principio del Placer. Un ambiente enrarecido, de frustración,  malestar, desidia y perdida de lo esencial se cierne sobre la humanidad. Temor, ansiedad y dolor de no acceder a los estereotipos del éxito mundanal, elevados a categorías de dioses en el Olimpo. Un profundo desconocimiento de la gran verdad. La ignorancia del verdadero camino, el triunfo apabullante del consumismo y lo exterior ha distorsionado los manantiales universales de las pulsiones. Creando un desequilibrio, una falta de armonía entre la vida y la muerte, entre Eros y Tánatos. El progreso, el crecimiento, la revolución tecnológica desplaza al hombre como centro y medida de todas las cosas.
El conflicto, la falta de prestigio de las instituciones globales y nacionales, una clase dirigente escasa de calidad, valores humanos y vocación de servicio a rasgos generales. La crisis real del capitalismo como sistema (el cuál ha demostrado ser el menos malo), el agotamiento del globo terráqueo que nos enseñorea su linea de final asustan. Crean incertidumbre. Con la naturaleza dolida, son pocos los jardines, las flores. Que tal como apuntaba Sigmund Freud son un descanso para la vista, no tienen emociones ni conflictos. La humanidad errática y aturdida en su círculo busca su nuevo renacimiento.
La humanidad harta del brillo y el poder de sus riquezas que no son respuestas para el alma, egoístamente mal distribuidas. Vacía, profundamente melancólica de rimar con sus cánticos. Acariciar aquellos versos atemporales y de esencia universal. Ver propósito y gozo a su quehacer de vida que añora equilibrio. Clama por el derrame de óleos de amor y comprensión.  Brillo y dulce tiritar en los manantiales de las pulsiones de vida. Desterrar el hediondo olor a selva y el sálvese quien pueda. En procura de la gregaria convivencia; la ansiada armonía.

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