In Reflexión

SOLO EN EL AMOR

Busca la humanidad sedienta y ávida en todos los vericuetos del mundo material. Perdida en una obscura selva como el Dante, anhela su Virgilio en procura de sabiduría y reencontrarse con su esencia divina de paz, amor y serenidad. Solo en el amor, esa cósmica sustancia inmaterial donde se cuece la alegría de vivir, encuentra la humanidad su propósito y conjuga aquella celestial metáfora de a imagen y semejanza; solo en el amor riman las celestiales melodías de la orquesta sinfónica sagrada, donde se concretiza la colaboración a escala planetaria, que tantos frutos a regalado a la humanidad, sobre todo después de las guerras mundiales; solo en el amor que sirve, que da sin esperar, que trasciende sus narices y fronteras para volcar su mirada al prójimo, a la comunidad, al débil y el oprimido excluido en su fragilidad y pobreza del stablishment global; solo en el amor que abraza en el corazón, trasmite su experiencia y fortalezas sin esperar nada a cambio; solo ese amor que besa, multiplica caricias y esculpe versos en el fluido que frota y derrama rosas, construye estimas y hombres del renacimiento. Solo en el amor, retratando lo maligno y denigrante para la especie del egoísmo, esa concentración en si mismo tan narcisista y degradante que divide y acumula miserablemente. Planteó Erich Fromm que el sistema educativo de hoy había obviado algo vital, si bien la investigación y el desarrollo en las matemáticas, física, biología y demás ramas del saber habían revolucionado la educación y el universo, la clave en la formación del ser , esencia de las antiguas escuelas Socráticas,  ha sido puesto a un lado, por lo que en este mundo de hoy seria una necesidad impartir la asignatura en la primaria: Amor. Fernando Savater, en sus cartas a Amador, aborda el tema con tino y filosófica grandeza, Jostein Gaarder en su inolvidable ¨El mundo de Sofia¨ pone el dedo en la llaga, brinda el vaso de agua filosofal a la  sedienta humanidad. En esta sociedad del consumo, donde el hogar, la familia primera célula, en franco deterioro en general, no basta en la formación del ser, de ese ser que es y convive mas allá del conocimiento, la competencia y la estrategia. Decía ese gran poeta del amor Paul Éluard: "Necesitamos pocas palabras para expresar lo esencial; necesitamos todas las palabras para hacerlo real".  El gran cambio, en esta nueva era, llena de retos y oportunidades, es el psíquico; en pro de ese nuevo sapiens, capaz de amar y sentir en confraternidad y colaboración.

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