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VIERNES SANTO

El fundamentalismo de mercado ha suplantado todo, o casi todo, reflexionaba. Era viernes santo. Una mañana calurosa y radiante. Charles Baudelaire Santana miraba el techo y los hermosos detalles de la madera en su habitación junto a un torbellino de ideas. Aquellos versos de Baudelaire:"Vienes del cielo profundo o surges del abismo. Oh Belleza? tu mirada informal y divina". Las palabras del poeta francés se esparcían por toda su conciencia. Se paró y fue a desayunar.

El patio español del hostal Nicolás de Ovando era hermoso, una joya de toda la obra de Ovando, el desarrollador de la ciudad. Sorbos de un aromático café, jugo de naranja, un huevo pasado con yema blanda, tostada y mantequilla fue su desayuno. Al concluir subió a la habitación a cepillarse. Al abrir los ventanales toda la imagen de la riviera del Ozama le estremeció. La pequeña primera iglesia del nuevo mundo, sencilla y delicadamente hermosa le deleitó su alma visual. Como habrá sido aquella invasión de hormigas suspiró. Molinos fue un corrientazo, una tos de realidad. Jeans y tenis ajustados tomó las escaleras rumbo a la peregrinación.

Hacia las 9:15am empezó su caminata. Quería recorrer los monumentos pero a su manera, en su tempo espiritual. Surcando los adoquines de la ciudad era una caja de pensamientos. Los protestantes tienen razones. Como un cura sin pareja da cátedras de parejas. Las ventas de indulgencias cual mercado de víveres y especies. Lo aburrido de lo dogmático, la milenaria e inmutable estructura con sabor a poder. El tedio de lo repetitivo. Lo permanente del relato cristiano y el escenario para esparcir las buenas nuevas. Pero pensaba los seguidores de Lutero y Calvino también. El concepto de rebaño, de ovejas que siguen a un pastor todo poderoso. Ciegamente desde un trampolín con el vacío de fondo, ministro plenipotenciario del cielo y la tierra. Dador de la salvación. Dar el presente por un futuro eterno de mieles y baños de leche a la usanza del Islam. La culpa, el cacareado pecado uff que aburrido. Charles miraba todo. Nada descartaba, trataba de no hacer juicios, tomaba y dejaba. Hace tiempo confeccionaba su propia nave, sin dejar de observar sus raíces occidentales, la riqueza de todos los ríos en su click esencial, su gran matriz judeocristiano.

Miraba los monumentos saboreaba su olor y los acariciaba. Recordaba al Dalai y sus enseñanzas en torno al Buda(Sidharta Gautama), sobre la compasión y el desapego. El talmud y las leyes de Solón con tanta sabiduría y derroche de sentido común. En general sospechaba y creía, la bendita dualidad esencial. Formas de dominación, dar sentido y vigencia al contrato social. Nietzsche, Marx con Rosa de Luxemburgo y el materialismo histórico de fondo, osados comunistas pretendiendo matar a Dios masculló. En el todo y en la nada; un punto medio se encuentra la verdad suspiraba. Pero cual verdad: la mía remachaba. Vibraba con la arquitectura de las iglesias coloniales. Hace tiempo los templos del polígono central les eran tenues y leves. Sonsos y carentes de amor y emoción. El rugir repetitivo de los fieles. El ritual dogmático sin el eco de muros milenarios. El mensaje atemporal de unos y otros sin el sabor y el aroma de los tiempos según el, sin energía vital. Necesidad pensaba. El manejo del miedo, no saber vivir. Temor a lo desconocido. Pánico a la caída y desandar lo establecido. El frenesí de caminar juntos y sentir el ruido. El bullicio que bloquea mi ser y el valor de hacerme yo mismo aquellas inmutables preguntas, reflexionaba para entender los tantos caminos a Roma. Requieren valor y las mismas condiciones sin importar credo, color, raza, visión, misión, valor. Se preguntaba será posible tantas verdades y deidades como existencias. El hombre ondulante y diverso. Dioses a imagen y semejanza del arquitecto supremo del universo. Esas necesidades humanas fueron los primeros inventos o verdades reveladas. Necesidad sentenció Charles.

De vuelta al aquí y ahora. El calor, una botella de agua de un plástico endeble y frágil. Recordó aquella estampa de la política entre el Sanedrín y  Poncio Pilato. La procesión de Jesús, maestro espiritual de occidente, desde el triunfal burro con sabor a gloria, palmas, dolor y martirio de la cruz. Su inmutable símbolo de redención. El temblor del sacrificio con sabor a oliva, espinas. Los relatos de los apóstoles  y el olor terrenal de Barrabás. Mientras tanto en la ciudad de Ovando, la procesión lenta y con poca alma se apreciaba. Los capitaleños disfrutando la quietud de su ciudad sin el ruido de la invasión de los bárbaros, idos a sus lugares de orígenes por el asueto. La imagen de la virgen de la Altagracia le agradaba, Tatica repetía en su hipotálamo. Varios alférez la cargaban por todos los altares. Llevaban el ritual paso a paso, minuto a minuto. Charles Baudelaire Santana escuchaba en paralelo, los conciertos para violín de Johann Sebastian Bach desde su celular con sus auriculares, necesidad para su atmósfera espiritual. Dos mundos paralelos, el visual y el sonoro hacían de este viernes santo una emotiva y rica experiencia. Todo esta bien, afirmaba. El sudor, la libertad de estar, pero ser él le agradaba. Esta amalgama de reflexiones y vivencia dada la milenaria fecha le brindaban sabor a su ser. Acrecentaban su serenidad, desde un mundo diverso.

A llegar a la catedral primada la belleza lo paralizó. Se sentó en el parque del almirante en silencio espiritual. No hizo juicios. Valoró a Judas Iscariote y la Magdalena. Sintió el hilo que le conectaba con toda la humanidad en el instante. Luz o oscuridad, bien o mal, el Yin o el Yang. Viernes santo, con sabor a Bacalao y penitencias. Ayuno con vocación desde el alma. Aroma a habichuelas con dulce desde Montesinos a Rubio. Jesús de Nazareth maestro de metáforas y paradojas. Amor pleno con entrega y enseñanza. Verbo y gloria, sed de verdad desde tú cruz. Una leve brisa, el sentir de la calma. Desde la nada afloraron aquellos versos de Carducci: " Mejor obrando olvidar, sin indagarlo, este enorme misterio del universo". Creer o no creer la cuestión?. Un sentimiento de bien ser. Valores y principios que riman junto a los violines del sarcófago del alma. Dios como creador en todo, y en todas las cosas. Serenidad, aceptación, valor y sabiduría.

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