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VOCES DE UN ERMITAÑO

Anselmo Paulino Roncones era feliz en la pandemia. A pesar de un sentimiento agridulce, fruto de las nefastas consecuencias, el balance tras el inventario le era positivo. Se apenaba ante el desastre económico de sectores como la hostelería, el turismo, entretenimiento y por sobre todo el arte. Sin teatro, sin sinfónica ni el séptimo arte. El dolor, el profundo aroma a luto de tantas familias dominicanas con las más de tres mil muertes fruto de la Covid-19 era un vapor de calamidades en el alma de Anselmo. A pesar de los pesares por el encierro, los toques de queda y las restricciones para contrarrestar el avance de la peste le producían serenidad los cambios en el mundo. La disminución del ruido, la desescalada de la furia consumista le confortaba desde la paz.

Un año susurraba Anselmo Paulino Roncones junto al runrunar obstinado de las olas desde la apacible bahía de Ocoa. Todo cambia, la naturaleza imponente se enseñorea con todo su poder. El esplendor de las montañas, la vastedad de los mares acrecentaron su conciencia de su minúsculo espacio como homo sapiens. Anselmo junto a las espumas de las olas en la cresta pensaba en su crecimiento este año. Las oportunidades que presentaron estos cambios. El tiempo, el inexorable que nunca vuelve, que fue posibilidad dorada para mirar otras necesidades. Cultivar esas otras latitudes y dimensiones humana que producen gozo y caldo celestial para el alma.

Trabajar para vivir o vivir para trabajar. Anselmo Paulino Roncones saboreaba la calma. La disminución relativa del bullicio tropical en estos predios. Apreciaba la soledad, el estar consigo en esta parte del trayecto que le reafirmó que solo vinimos y solo nos despediremos de este valle de lágrimas y alegrías. Ciertamente añoraba los abrazos. El esplendor de lo gregario desde el continuo compartir. Pero también apreciaba estar consigo mismo. Desde los cielos divisó a Pablo de Tebas el Egipcio. Como nubes en movimiento las palabras de San Jerónimo sobre Pablo de Tebas – en su Vita Sancti Pauli primi eremitae- arroparon su vista e hipotálamo. Pablo de Tebas era Egipcio de una familia rica y habría recibido una excelente educación cultivada en el estudio de la cultura egipcia y el idioma griego. Dejó todo para irse al desierto, tras ser denunciado por ser cristiano por algunos familiares que querían apropiarse de su patrimonio, durante la persecución del emperador Romano Decio. Pablo no volvió a la ciudad y pasó el resto de su vida en el desierto y se alimentaba del pan que le traía un cuervo. Pablo de Tebas prototipo del ermitaño era sostén de los tiempos para Anselmo Paulino Roncones. Pero también antítesis por su reconocimiento de su necesidad gregaria, de afectos, del hermoso combustible del amor en pareja, el núcleo familiar, la amistad, el cosmos desde el hombre y sociedad.

La furia de las olas. El frote incesante de las piedras en la Playa de Caracoles era una metáfora sonora del ritmo indetenible de la vida. Desde aquél microcosmos Anselmo Paulino Roncones reafirmaba que solo no podía. Compartir, dar y recibir amor era necesidad. Lo gregario era asignatura vital para los propósitos, razón de razones. Si bien los tiempos eran propicios para el alumnado de estar consigo mismo. Para saborear la propia compañía desde una cueva ermitaña impuesta por las circunstancias. Lo verdadero e importante del porqué la vida se le enseñoreaba desde el amor, la familia, la amistad, la humana convivencia. Tanto pensar y tantas preguntas. Junto a Sócrates repitió solo sé que no sé nada. Tras una pausa, unas crocantes galletas de agua Cars untadas con queso de cabra marinado en una compota de frutos secos de las hermanas Vega fue un éxtasis. Un no pensar. La crocancia desde el sabor pastoso de la boca humedecida en gloria de lácteos caprino era clímax. De repente una bachata profunda desde el pueblo lo hizo pisar tierra. Desde el aquí y ahora recordó que el líder de la nación tiró la toalla ante las cacareadas tres causales. Desde el sabor en su boca trato de dejar atrás que en su terruño era hoy tema de importancia las dichosas tres causales -tema de mujeres y exclusivo de mujeres- en medio de pandemia, crisis económica con su desempleo, el vecino país en llamas y la temible inflación global.

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