Atrás quedaron muchos libros
partieron solo junto a mí
los esenciales.
O los elegidos
por alguna de esas marcas
o fruto del azar.
Hoy al llegar al nuevo puerto,
en mi Calypso envuelto en vientos
arenas y los cielos de Dios,
sentí Ítaca.
Hoy aprendí
que pueden cambiar las formas,
los lugares y hasta los climas.
Ítaca realmente siempre está
atemporal en mi corazón.
Junto a los propósitos
como espacio geográfico,
para conjugar los dictámenes
omniscientes del Dios creador.
Mi hogar
se construye verdaderamente
en mi alma,
con novedad también
y la infinita posibilidad.
Atrás quedaron muchos libros
muchas historias
muchas heridas
mucho crecimiento
enorme gratitud.
Atrás
el breve espacio
la vieja morada
junto a muchos viejos libros
hoy donados.
Quedó el pasado
todo lo acontecido
lo vivido
lo disfrutado
y hasta lo sufrido.
Muchos miedos
como no,
demasiado valor también.
Versos en maletas
llenas de felicidad y amor.
Paz con serenidad pues
como razón vital.
Empujado junto a briznas de resistencia
con mi amor profundo a lo conocido,
a las certezas y el orden establecido.
En mares procelosos
del miedo a lo desconocido me sumergí,
nueva vez la vida
la prueba frágil de las certezas.
Ítaca
se siente
se siente realmente en mi alma.
Vendrán nuevos libros
serán nuevas historias.
Ruidos con vientos
sombras inmarcesibles
perfumadas por la novedad.
Vivir
vivir es vivir siendo este donde esté,
la sabiduría de acariciar el instante,
como hogar de la brevedad de esta ilusión.
Mil cien años después
entre cajas de libros,
buscando un nuevo orden,
a la pequeña biblioteca establecida,
el gran Homero me susurraba.
Homero me colocaba como metáforas
la voz de Ulises en mis oídos:
¡Aguanta Corazón!