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EL TALLER ROJO

Melancólico Anselmo Paulino Roncones daba sorbos al tomar un café Monte Alto. Corroído por una profunda tristeza acariciaba su soledad junto al aroma del néctar negro de los dioses blancos. Una reciente ruptura con su fiel asistente y mejor amante Claudia Pedralles había trastocado su mundo. Con un profundo sentimiento de desamor veía su microcosmos desmoronarse. Ya dos semanas sin su presencia y caricias. Sin los dictados de sus memorias que le insuflaban vitalidad a su vida. Estoy como el mundo hecho mierda mascullaba Anselmo Paulino Roncones.

Viajando por el mundo junto a la prensa, practicaba la evasión como método terapéutico desde su mecedora de caoba centenaria. Un reportaje de actualidad sobre una exposición de Henri Matisse en el MoMA fue un oasis. El Clarín, lo mejor de la prensa Argentina, traía un articulo de Roberta Smith sobre la última excursión del MoMA. De repente Anselmo Paulino Roncones se montó en una nave imaginaria. Recordó sus años de exilio político tras caer en desgracia con su querido jefe Chapita y sus hilos de poder post dictadura con su delfín Balaguer. Sus paseos por Ginebra y la ciudad luz París. Tras ver la imagen del cuadro El taller Rojo de Henri Matisse – nombre también de la exposición- le recordó sus caminatas en el suburbio parisino de Issy-Les-Moulineaux, ubicación del estudio-taller del artista. Extasiado desde el viaje imaginario Anselmo Paulino Roncones repetía las palabras de la periodista Smith:» El taller Rojo fue terminado en diciembre de 1911. El comerciante textil Ruso Sergei Shchukin lo había encargado y cuyo mecenazgo permitió a Matisse construir el estudio. La pintura estaba esencialmente libre en el sentido cultural, para emocionar, influir e inspirar el presente y volverse parte de la historia.» Proseguía a viva voz con las palabras de la periodista del Clarín: «La obra presagia uno de los elementos básicos de la modernidad de posguerra, la pintura monocromática. La novedad obvia del El taller Rojo radica en la extensión de su color dominante. La mayor parte de la superficie está cubierta de rojo Veneciano. Una tonalidad profunda y suntuosa, aunque ligeramente oxidada. Que empujó todo el esquema hacia la abstracción. Sin embargo el cuarto está lleno de hechos. Para Matisse el taller era el lugar donde el mundo real retrocedía, donde se podía hacer magia y reinaba el arte.» La profundidad descriptiva del reportaje de Roberta Smith laceraba desde la identificación a Anselmo Paulino Roncones con ese espacio vital de Matisse. Con su perdida actual de Claudia Pedralles y su triste sentir de vacío infinito.

En un ambiente nuboso de sentimientos y sus emociones turbulentas proseguía Anselmo Paulino Roncones con la prensa. Aquí en el patio las declaraciones de un ex embajador haitiano sobre posibles vínculos – al supuestamente uno de los cabecillas ser dominicano, guardar recursos aquí y traspasar las fronteras-  de las bandas haitianas con nuestro país le eran un nudo en la garganta. Sus años oscuros de contubernio con Duvalier y sus Tonton Macutes le producían escalofríos desde la experiencia de hijo de puta arrepentido. La imagen de los asaltantes de la bomba de combustible de los Mameyes en la primera plana le era asociativa. Rifles Ak-47 profesionalmente empuñados le producían un sudor con aroma a la disolución de Haití importada. Con la respiración pesada Anselmo Paulino Roncones apresuró el ritmo al pasar la página. Nuestro jefe de estado sonreía desde Davos dando declaraciones sobre el milagro del turismo dominicano en tiempos de pandemia y guerra desde la página catorce. En silencio para no decir nada le invadió la imagen de Rudy Giuliani con su varita mágica con olor a terror.

Abrumado volvió al cono Sur desde lo digital y retomó el Clarín. Los partes noticiosos del foro de Davos resaltaban la intervención de Henry Kissinger ante aquél Think tank de poder. Al leer reproducía en voz alta las palabras del ex canciller de Nixon y veterano experto geopolítico-diplomático sobre el actual reordenamiento mundial: «El veterano estadista instó a Occidente a dejar de intentar infligir una aplastante derrota a las fuerzas Rusas en Ucrania. Sería fatal para Occidente dejarse llevar por el estado de ánimo del momento y olvidar el lugar apropiado de Rusia en el equilibro de poder Europeo. No se debe permitir que la guerra se prolongue por mucho más tiempo. Rusia había sido una parte esencial de Europa durante 400 años.» Prosigue el parte noticioso:» Estuvo cerca de pedirle a Occidente que intimide a Ucrania para que acepte negociaciones en términos que están muy por debajo de sus actuales objetivos de guerra. Espero que los ucranianos igualen el heroísmo que han mostrado con sabiduría dijo con su famoso sentido de Realpolitik. El papel apropiado para el país es ser un estado neutral.»

Cabizbajo Anselmo Paulino Roncones volvió a Henri Matisse. El cuadro El taller Rojo del artista era un resplandor desde su enorme poder cromático con su llamado a atesorar mundos propios necesarios. Como Matisse en su obra Anselmo recordó las cosas que más le importan. Pinturas y esculturas dentro de la misma obra hasta una caja abierta le hicieron reflexionar. La belleza en el arte como contraparte a la levedad del ser. A las oscuras verdades del mundo que gira. Tras una pausa con sed tomó agua. Un avasallante deseo de reconquista a su amada Claudia Pedralles le movía. Renovar aquellos encuentros para también proseguir con sus memorias. Como testimonio profundo de sus grises llenos de humanidad. Luz y oscuridad. Como el mundo Ojo Mágico tocaba sus porosas fibras repletas de ensayo y error.

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