In Reflexión

NEGOCIOS CHINOS

La revolución de Mao Zedong con su Partido Comunista Chino fue el inicio a la posibilidad de una nueva China imperial. El Gran Timonel jugó un papel determinante en la resistencia a la ocupación japonesa. Reunificó China poniendo fin a un siglo de humillación, que hundió al país en la pobreza, la adicción masiva al opio y lo puso al borde de su desintegración. Expulsadas las fuerzas «rebeldes» del Kuomintang y su líder Chiang Kai Shek a la isla Formosa, hoy Taiwan, se consolida el vasto territorio continental para los cimientos en la renovada vocación imperial de China. En ese momento China era una sociedad rural y atrasada. No es hasta el liderazgo de Deng Xiaoping, sucesor de Mao, que China realiza la transformación económica. Mao en lo económico fue un desastre. Como en la parte humana y la felicidad de su pueblo. Tras la ruptura sino-soviética Deng Xiaoping junto a su primer ministro Zhou Enlai realizan un estratégico acercamiento a Occidente. Es ahí donde inicia el progreso de la hoy China lleno de paciencia, enorme laboriosidad con astucia milenaria. Es la visión de ese liderazgo de Deng donde China implementa las políticas capitalistas de mercado a su economía. Se apertura el sistema a las inversiones y la tecnología del mundo capitalista. En palabras de Deng Xiaoping: permita que algunas personas se enriquezcan primero y no importa si el gato es negro o blanco, siempre y cuando que atrape los ratones. La trayectoria de éxitos desde lo económico del milagro Chino están a la vista.

Es previo a este periodo y en las circunstancias de las dolorosas revoluciones sociales de Mao Zedong donde República Dominicana recibe las migraciones de ciudadanos de China. Por tanto las mayorías eran migraciones económicas, políticas que huían como el Kuomintang a otras tierras en procura de progreso, paz y bienestar. Por años la colonia China desde el silencio laborioso vibraba en el emprendimiento de pequeños y medianos negocios como restaurantes, supermercados y tiempos después los famosos picapollos. En general no se mezclaban. Hacían interacción y vida social entre ellos mismos a su usanza cultural. Con ciertas excepciones que se destacan en la vida cultural dominicana, y alguno que otro hasta en la política nacional. Ejercían un comercio respetuoso y sin ruido. Cumplían sus compromisos y gozaban de buen crédito comercial. Quizás solo la excepción de la revolución de abril del 1965. Donde muchos se hospedaron en el hotel El Embajador, que era de Chinos, y no le pagaron a nadie hasta que no estuvo las cosas claras en la contienda, según veraces testimonios de comerciantes importadores de la época.

Hoy tenemos una migración China distinta. No es de aquél Cantón ni de Taiwan. Están ajenos a Mao Zedong o Chiang Kai Shek. Algunos ni siquiera vienen con una mano delante y otra detrás. Suelen venir de la China continental y traen grandes capitales quizás sospechosos. Han revolucionado el mercado inmobiliario de la Duarte, Villacon y casi todas las zonas comerciales de los pueblos y grandes ciudades dominicanas. Aspiran al lujo y los placeres de la sociedad de consumo. Aún su clásica distancia cultural operan con más empoderamiento. El giro diplomático hacia la China de Xi Xinping de RD les concede unos rostros erguidos con aroma a poder; con una sed de aspirar a ser los nuevos timoneles del comercio nacional.

El modus operandi comercial de los chinos de hoy es distinto. Parecería poseen una patente de corso imperial repleta de impunidad. Son grandes importadores. Miles y miles de contenedores en áreas como tejidos, chucherías, ferreterías y más. Operan en grupo o como cartel. Se dice poseen miles de empresas de esas de carpeta que se prestan para todo. Con una especie de tinglado mafioso mutan, se mudan, cambian de Chino o de nombre de local en local. Dificultan, con complicidad o sin ella, la labor de recaudación de impuestos internos y aduanas. Son en general una competencia desleal al comercio organizado. Pagan sueldos de miseria. Se comenta nueve mil pesos al mes. No pagan TSS. Solo «emplean» haitianos o venezolanos. Se comenta los despiden a los tres meses. Se dice no hacen facturas con comprobantes fiscales. Parece solo aceptan como medio de pago efectivo en sus mayorías.

Razonan entendidos es un sistema. Muchos se preguntan si cuentan con el apoyo o la sociedad del politburó Chino con su reciente embajada. Se sabe el gobierno «comunista» de Xi Xinping es socio en las mayorías de las fabricas de producción para el mundo en la China y se especula de dumping y mil diabluras más. Cuestionan si existirá algún tipo de acuerdo rubricado entre gobiernos para este tratamiento especial. Una especie de zona franca especial de chinos en RD. Es de conocimiento general el invento no es local. Ya en países como Ecuador o España se han desmontado estructuras mafiosas de chinos que no solo atentan contra el fisco sino contra el comercio organizado y el empleo nacional. Las autoridades nacionales han realizado intentos o escaramuzas al respecto. Pero no han logrado parar esta aparente maquinaria mafiosa. Rueda mucha plata en esa centrífuga monetaria.

Muchos comerciantes experimentados no le temen. En general estos chinos de nuevo cuño importan productos de pésima calidad. Por su burda avaricia con cortedad de miras, en sus mayorías no son capaces de dar un servicio con la calidad y a la altura del consumidor dominicano. Pero definitivamente distorsionan, hacen mucho ruido y daño. Habrán las autoridades competentes de tomar el toro por los cuernos. O todos toros o todos vacas. Las iniquidades en las lides comerciales son aberrantes. El sol sale para todos e irradia la igualdad. Es metáfora desde sus potentes rayos. Las reglas de juego solo son reglas desde la verdadera vocación de poder y orden si son por y para todos. Dados en sus mayorías como cultura a la trampa, a la no transparencia, a la deshonestidad, la autocracia habrán las autoridades nacionales imponer de una vez por todas el imperio de la ley y la transparencia a estos negocios chinos. Bienvenida la laboriosa e emprendedora migración China. Pero habrán de ajustarse a las mismas reglas de juego para todos. Tendrán necesariamente que cumplir con las mismas cargas impositivas y normas de todo el sector comercial nacional.

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