Era ya el día 14 de la cuarentena. La importancia del tiempo era poca, ya tenia una agenda de pandemia sin prisas, con horarios flexibles, bendecidos con una pausa florida por la primavera. El ocio impera; en una pugna agridulce de conciencia disfrutaba el mandato de los tiempos, la majestad y el gozo de aficiones que aquella reciente vida impedía como dictador impenitente.
Luego de leer mis reflexiones me quedé mirando los cielos desde mi persiana americana. Un silencio sepulcral me arropó. Gustaba ya del silencio y la revelación de los misterios hace años, saboreaba poder estar conmigo y sentir aquella presencia. Aquel código original …









