Lejos del bullicio de ciudad. En gozo espiritual. Junto a las bondades del campo, al ritmo mágico de una sinfonía de Madam Sagá, Jacques le Bon saboreaba el aroma de las olas sentado a la sombra del Guayacán. Extasiado junto al panorama leía El aroma del tiempo del filósofo Byung-chul Han. Distanciado de auto-tiroteos sospechosos de decadencia imperial con posible final Warren. Cultivaba el arte de demorarse desde la perspectiva de Heidegger, finamente desarrollada en el libro por el profesor de origen coreano de la Universidad de las artes de Berlín.
En comunión con el lugar, Jacques le Bon se deleitaba junto a la vista …