Pesos y contrapesos. Técnicas y recursos mentales. La dimensión espiritual, junto al inagotable recurso interior. Somos más mascullaba Jacques le Bon divisando el mundo desde su hoyito en Villacon. El estado actual del mundo no era poca cosa. Los sobresaltos. Los cambios junto a un eterno sentimiento de caos era la norma. Lo actualmente permanente en la dinámica global. Ahora. Ahora susurraba Jacques le Bon con la aparición del hantavirus, el ébola y lo difícil que es en estos tiempos aislar países le producía escalofríos. Terror con la fijación de un infierno dantesco, ante la posibilidad de un nuevo confinamiento mundial.
La gran posibilidad de una nueva guerra mundial. La vuelta a la selva, la fuerza como mecanismo de imposición. La nueva encíclica de León XIV, ante la inminente disrupción de la IA. Millones de empleos desaparecerán de un plumazo de IA. Los estados pequeños a merced del poder imperial. Un nuevo poder tripolar, con sus esferas de influencias matizadas por vasallajes e imposiciones del hegemón regional. Cuba, quizás México también en un tomar a la usanza venezolana en nuestra América. Groenlandia, y hasta Canadá en estos nuevos bríos de doctrina Monroe con su corolario Trump. En tiempos de caos e incertidumbres no hay límites. Todo es posible pensaba Jacques le Bon.
Ya apesadumbrado por el estado de la humanidad, Jacques le Bon realizó un cambio brusco de switch. Llamó a Gumercindo Fernández moderador de la peña El Despertar, y este confirmó su celebración hoy en la noche. En segundos el inagotable recurso interior se manifestaba. Sus herramientas de diluyentes mentales accionaban. Aquí y ahora, Jacques le Bon empezaba a soltar el mundo. A aceptar la realidad. Y decorar su microcosmo con sus posibilidades y recursos espirituales. El mundo siempre será mundo mascullaba. Llamó al Dr. Lomba y este le confirmó su asistencia a la peña, al igual que Manuel y Bernardo. Iñigo Montoya no solo confirmaba, sino que ofreció llevar un bisque de langosta (congeladas previa a la veda). Caldo generoso, parido de sus propias chimeneas y creación gastronómica. Si bien nuestro querido Vicente se excusaba al igual que nuestro Clarividente valenciano, teníamos quórum.
La Peña El Despertar rondaba los 20 años de celebración. De incalculable valor como espacio de desahogo y validación. lejos del ruido monetario de los tiempos, su verdadero precio radica en fortalecer el sentido de pertenencia, compartir alegrías, aligerar penas y compactar está red de apoyo incondicional. Como náufragos que han sobrevivido. Como privilegiados de vivir dos vidas en una. Jacques le Bon y demás contertulios valoraban y disfrutaban la junta. La camaradería de la buena mesa. Si bien se tocaban los tópicos nacionales e internacionales. El poder de un generoso mantel espiritual desplegado por toda la mesa era mágico. El compañerismo era poderoso. Aquella atmósfera todo lo transformaba y aligeraba como diluyente mental.
Si bien tenían preferidos como Nicola, el Gallego o la China Li del parque Indenpendencia en su momento. Hoy le tocaba al Boga Boga. Altar gastronómico español de innumerables recursos. Todos sentados a la mesa ya, inicio la magia. La buena nueva para esta pléyade de alumnos espirituales. Jacques le Bon tenía el honor de elegir el menú: croquetas de jamón y pollo, calamares a la romana, el bizque de Langosta trajo Montoya (que el capitán del Boga nos sirvió con generosidad), jamón de Bellota, cachopo asturiano con papitas fritas, gambas al ajillo con tostones y arroz meloso con camarones. Todo al centro de la mesa, uno por uno como desfile de platos, para compartir.
Cada bocado, cada crujir al pasar los platos. El sonido de satisfacción con el choque de tenedores y cuchillos. Lo estratégico de le mesa. El compartir junto al sabor y el aroma. Tema por tema. Hasta el Clari e mobile a lo Pavarotti, ante la ausencia del Clarividente por su compromiso previo de ópera juvenil en la primada. Gozo y camaradería suprema aderezaban el compartir. Legítimos latidos del alma surcaban por toda la mesa junto al toque final. Un conjunto de postres a compartir: milhojas, tarta Santiago y una tarta de queso estilo Vasca de la casa fue clímax. Un dulce hasta pronto para el grupo. El grupo donde todo empieza mascullaba Jacques le Bon mientras saboreaba con furor la crema pastelera y el suspiro del milhojas. Los círculos del infierno dantesco se desvanecían desde el paraíso de la peña. La dimensión espiritual cobraba más y más valor.