En el camino espiritual no existe la pausa. O se crece o se retrocede. Siempre habrá el alumno espiritual de estar dispuesto, atento a las nuevas enseñanzas. Receptivo a las señales conspirativas de la vida para practicar -cual eterno retorno- lo pendiente. Esas materias que persistimos en nuestro error y necesitamos trascender el estadio, aprender la lección y proseguir nuestro camino de crecimiento espiritual.
La receptividad suplanta la terquedad. Solo de la humildad, de la derrota con sabor a polvos y futuro de estrellas el alumno logra iniciar el camino, sentarse en su pupitre de enseñanza. Un propósito de vida sin la dimensión espiritual está …









