El cerebro, aquella esponja empapada en sangre no paraba de circular pensamientos. Manuel Del Prado Castelar soñaba y vivía. Ejercía el comercio para ganarse la vida; y esculpía versos para deleitar el alma. Más allá de sus diarios afanes comerciales, de sus hábitos obsesivos por el orden cual monje cisterciense, era un alma que acariciaba los cielos y saboreaba sueños.
El tema del momento, el temible virus Coronavirus, provocaba pensamientos en chinos prolongados. Manadas de chinitos con máscaras y en chancletas surcaban su hipotálamo. Fuera de sus acostumbrados piques – propio de sus afanes comerciales- con tal embarque u problema con chinos, Manuel Del Prado …









