Domingo 16 de Agosto. El grito de Capotillo junto a toda la epopeya restauradora generaban mis primeros pensamientos. Un Gregorio Luperón lucido perfumaba con atisbos de salitre del océano Atlántico toda mi conciencia. Era también el inicio de una nueva generación al mando de los destinos de la nación, y la salida de la peste púrpura del poder. Seguía la cuarentena y con ella la tristeza por los caídos, el dolor impotente de familias ante la perdida de seres queridos producto de la pandemia. En este péndulo del bien y el mal un pozo colorido de esperanzas flotaba junto a las nubes en todo el …









