Era lunes 30 de septiembre, serían las 6:01am. Una gran cantidad de nubes y, muchas partículas en el cielo producían intensas y rojizas coloraciones en el amanecer. Anselmo Paulino Roncones junto a su fiel asistente y mejor amante Claudia Pedralles, tomaban café sentados en la pequeña mesa del balcón. Con cada sorbo, Anselmo Paulino Roncones se deleitaba en compañía del exuberante panorama proyectado desde el este en el firmamento. Las imágenes del amanecer se fusionaban, con majestad y silencio, en maridaje con los enormes edificios y gigantescas grúas frisadas por el alba de un nuevo día.
Los cielos cromáticos y la calma momentánea producía gozo …









