Al entrar a la ciudad recordó la llamada. Hace años ya que poseía herramientas espirituales para lidiar con la cotidianidad, lo que le permitió disfrutar su fin de semana en la playa con su familia. Logró, desde el aquí y ahora, dejar para el lunes lo que es del lunes. Tanto el alumno espiritual Jacques le Bon, como el vecino comercial que le había informado con la llamada, habrían sido de los afectados. Víctimas de la miseria, de los estragos de la adicción en el gran Santo Domingo. Atracados por la complicidad de un oscuro mercado de metales, con pingües beneficios que termina de vuelta …









