Nada enseña más que la derrota. Nada alecciona tanto como La amarga caída con sabor a tierra y lodazal. No existe una mayor posibilidad de reseteo total en los vericuetos del alma que rendirse. Humillarse ante lo imposible para serenamente dar los primeros pasos hacia la victoria. Tronchar el iracundo mundo de la terquedad para volcarse con alegría al mágico universo de la buena voluntad. Son muchos los que para encontrarse tuvieron que perderse. Son tantos los que para recuperar la esencia han de primero arrebatarse en los tristes mundos de la furia, del ruido y la confusión. Caminar como exploradores perdidos en aquellos caminos …









