Era agradable la inusual brisa de marzo. La plaza del Almirante de la Mar Oceánica resplandecía con los potentes rayos del Sol junto al revoloteo de las palomas al volar y picotear los adoquines. El parque era un estratégico y hermoso lugar de la ciudad de Ovando. Justo al lado de la Primada de América era un lujo pernoctar en aquella agradable vista. Anselmo Paulino Roncones desayunaba en el Palacio de la Esquizofrenia acompañado de Claudia Pedralles, su fiel asistente. Un cremoso jugo de zapote, con tiernos bocados llenos de crocancia de un derretido de queso amarillo era un éxtasis. A la espera de los …









