Decapitada por Perseo, el terror de poder ser convertido en piedra por Medusa se desvaneció. Inmortal como la corrupción nacional, Medusa desde su brillo transparente junto a sus delgados tejidos yacía desde los sueños. Agonizaba al procurar aliento en rocosos arrecifes preñados de salinidad. Como flashes de un imaginario colectivo desde Ovando, pasando por Santana, Baéz, Lilís, el santo varón Trujillo, hasta nuestro días Jacques le Bon pasaba fotografías desde la tableta de su hipotálamo. Suspiraba esperanza al divisar tenues gotas de rocío en los ventanales al abrir sus ojos. Los mundos marítimos judiciales acariciaban la posibilidad. Tocaban el parnaso mítico de la decencia en …









