La brisa del parque era tenue. Ómicron súper contagiosa brotaba en cada suspiro, junto al rubor de cada pisada y desde el núcleo del viento en la hojarasca esparcida. Caminaban ajeno a los tiempos. Confiados de estar dos años zafándose de la plaga implacable. De repente Leopold Bloom de Peña tuvo un imperioso deseo de orinar. Stephen Dedalos Castro le acompañaba. Detengamos la marcha por favor masculló Leopold. Cerca divisó un viejo roble. Orinaré detrás pensó. Leopold Bloom de Peña disfrutaba desde el placer morboso como un high orinar a escondidas. Como sombra transparente, sin que nadie le descubriese. Tras orinar miró los cielos y …









