Tras innumerables esfuerzos logró escapar. Hubo de adentrarse a profundidad en su clamor a Makandal. La magia de sus ancestrales dioses le insufló de valor para sentirse invisible y salir del barrio de Carrefour raudo y veloz. Meses de terror, hambre y miseria. Las bandas criminales implantaban el miedo e imperaba el caos en todo Puerto Príncipe. Jean-Baptiste Renoir huía de su realidad, de aquella inviabilidad eterna que representaba su conglomerado tribal y anárquico.
Esperaba a cualquier Godot como los bárbaros de Coetzee. Apesadumbrado sin la aparente posibilidad de la entrada triunfal de los americanos. Clamaba y añoraba una nueva colonización de los tiempos. Ante …









