Era Octubre, con la majestad de un verde intenso de monte por todo el principado. El aroma a bosque en cada pisada. El perfume generoso de hojas otoñales esparcidas por las frondosas aceras acariciaban todo el firmamento. La señorial Oviedo refrescaba el alma y el espíritu con su elegante donaire. Anselmo Paulino Roncones pernoctaba en el Hotel Ciudad de Oviedo. Próximo a la catedral de Oviedo en el casco antiguo y peatonal. Solo y taciturno balbuceaba en sus entrañas las motivaciones de este viaje consigo mismo por las tierras de Pelayo. Ocio reflexivo, placer gastronómico y acervo cultural le motorizaban como cura del deseo.
Hacia …









