Jimmy Hoffa González suspiraba desde el taxi marino. El particular olor del mar Adriático, la vista camino a Venecia bordeada de palacios renacentistas y góticos junto a los techos del palacio Ducale le impregnaba una atmósfera de arte y belleza a su día. Una obertura al estilo de la opera Wagneriana con canto majestuoso, una línea melódica noble, pero el aliento de poca duración a la usanza italiana. Era verano y los rayos del sol resplandecían sobre todo el mar. El bullicio chirriante de la manada de turistas brotaba como vapor al llegar al gran canal. Su habitación en el hotel Danieli le aguardaba.
La …









