Dormí poco. Las expectativas de un nuevo y exótico destino cargado de misticismo y una milenaria historia inquietaba mis pensamientos. Tras el piloto decretar el descenso, volqué mi mirada hacia los cielos. Un amarillo y azul tenue reflejo una ilusión o un sueño real; una esfinge Inca, con poder celestial y derroche de polvos cósmicos volaba al ritmo de la nave, nos daba la bienvenida con los mágicos silencios de este hermoso cielo, nos deleitaba con su eternidad y el brillo de su reflejo para sentenciar la valía de esta experiencia culinaria, cultural y espiritual. Lima fue colonial, puerto poderoso del Pacífico, altar sublime de …









